Con sólo 22 años Francesca Woodman saltó por la ventana de su apartamento de Manhattan. La depresión por un desamor y la falta de reconocimiento laboral acabó con ella. Desde aquel día, la jovencísima fotógrafa estadounidense, se convirtió en una figura tan misteriosa como venerada. El Foam Fotografiemuseum de Amsterdam expone una selección de las fotografías más conocidas de esta artista. Los escenarios a los que recurría Woodman pueden considerarse una alegoría de sus propias angustias biográficas. Grandes salones y palacetes abandonados crean una atmósfera decrépita y triste en sus imágenes. Woodman recurrió al retrato como medio esencial de expresión, en el que la desnudez va más allá de la corporalidad y transmite el desnudo emocional de sus modelos.

Sus padres, artistas ambos y relacionados con la élite artística italiana, fueron esenciales para la pequeña Francesca que desde pequeña vivió rodeada de artistas. Se formó entre Estados Unidos e Italia y a pesar de su juventud, el estilo de su fotografía, siempre en blanco y negro, es según todos los críticos claramente autobiográfico. Esta exposición, que expone 102 fotografías, se ha organizado con la colaboración del Moderna Museet de Estocolmo y trata de explicar los deseos y obsesiones de Woodman, que quedan claros en su obra Calendario Pez-6 días o el único libro que publicó Algunas geometrías interiores desordenadas en las que llegó a intercalar elementos propios del surrealismo.

(On being an AngelFoam Fotografiemuseum de Amsterdam. Desde el 18 de diciembre de 2015 al 9 de marzo de 2016)