María Peña Lombao

A través de la obra Plataforma, del año 2008, podemos destapar los motivos y enunciados que identifican la obra de Miguel Palma (Lisboa, 1964). Se trata de un edificio del tipo Manhattan años treinta, sobre cuatro patas de metal modelo torre Eiffel, sumergidas en cuatro cubetas de agua. Los motores o dispositivos eléctricos que mueven el agua, mueven por lo tanto la maqueta del edificio con el ritmo de un pulpo. O de un King Kong al caminar por la ciudad que a su lado también se convirtió en una maqueta.

Maquetas, aviones, coches, mecanismos y dispositivos eléctricos. Materiales de reciclaje y motores. Chapa y pintura vintage, apariencia nostálgica. A lo largo de la exposición Desconforto moderno encontramos una realidad mareada por la constante mezcla de maquetas, juguetes y objetos reales. Las obras reunidas conforman una iconografía asociada al poder, donde el sujeto -invisible y presente- es burlado: el que gana en un juego, el que conduce un coche, el que rasca el cielo. En las exposiciones de Miguel Palma, siempre hay un triunfador y un perdedor feliz por ahí escondido. El hombre molesta. De hecho, la obra de Baltazar Torres sería un buen antónimo del trabajo de Miguel Palma.

Desconforto significa malestar, incomodidad, desánimo; y es el amor por la humanidad -que a finales del siglo XIX se traducía en optimismo y confianza en el futuro, en avances tecnológicos y científicos- el que incomoda. En el trabajo de Miguel Palma, el hombre incomoda tanto como cualquier versión filantrópica de la realidad actual. Hasta el 26 de mayo en el CGAC, Santiago de Compostela.

Imagen: Miguel Palma. Plataforma, 2008. Cortesía del artista.