El Museo Tamayo, el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), el Auditorio Nacional, la Universidad Pedagógica Nacional de México, el Colegio de México o los Arcos Bosques, todas estas construcciones tienen algo en común: su creador. El arquitecto mexicano Teodoro González de León, que moría el pasado 16 de septiembre a causa de un infarto mientras trabajaba en su último proyecto, la Torre Manacar, un complejo ubicado al sur de Ciudad de México con 22 pisos y un centro comercial. Con 90 años conservaba aún el mismo entusiasmo por su trabajo que mostraba cuando empezó en la década de los 40 y recibió una beca para residir durante 18 meses en la Unité d’Habitation de Marsella y trabajar en el taller de Le Corbusier. Una etapa que, sin duda, marcaría para siempre el resto de su obra, la cual se ha desarrollado –casi en su totalidad– en México, posicionándose como uno de los arquitectos más relevantes en la transformación que se realizó en su país. Edificios a gran escala, minimalistas, con gran sobriedad y abstracción son algunos de los distintivos que definen su personalidad arquitectónica.

González de León trabajó estrechamente con Abraham Zabludovsky, otro de los arquitectos contemporáneos más influyentes de México, con el que realizó, por ejemplo, el citado Museo Tamayo. Debido a su proyección y a su legado artístico recibió galardones como el Premio Nacional de Ciencias y Artes en 1982, el Gran Premio Latinoamericano en la Bienal de Arquitectura de Buenos Aires en 1989, es miembro honorario del American Institute of Architects en 1983 y, también, ha sido nombrado Doctor honoris causa por la Universidad Nacional de México en 2001. Su fallecimiento llega apenas unas semanas después de recibir un homenaje nacional por parte del Palacio de Bellas Artes con motivo de su 90 cumpleaños.