El Museo de arte Thyssen-Bornemisza acaba de inaugurar una exposición que supone, hasta el momento, la exhibición más amplia y ambiciosa del artista en nuestro país y en Europa. Motivada por el hecho de que el Thyssen posee la mayor colección de obras de Hopper fuera de Estados Unidos, y gracias a la colaboración de la Réunion des Musées Nationaux de Francia y de los centros que, como el Metropolitan o el MoMA han cedido trabajos de sus fondos; la exposición consta de 73 trabajos que, organizados cronológicamente en dos periodos, permiten al espectador contemplar el sosiego de esas escenas de la vida tranquila y cotidiana que consagraron a Hopper -después de su muerte en 1967- como uno de los grandes pintores realistas. La muestra parte de su etapa de formación, cuando estudiaba en la New York School of Art, que con óleos, dibujos, grabados y acuarelas denotan sus influencias artísticas y el modo en que fue adquiriendo su estilo. En este apartado se han incluido trabajos de otros creadores que fueron importantes para el desarrollo del artista como George Bellows, Félix Valloton, Walter Sickert, Albert Marquet o Edgar Degas. En el segundo apartado, se encuentran las obras que consagraron al artista organizadas por fecha y por los temas recurrentes del norteamericano. Una última sala analiza las analogías entre la obra de Hopper y el cine, a través de una recreación audiovisual realizada a partir de Sol matinal (1952) por Ed Lachman. La exposición se podrá visitar hasta el 16 de septiembre.

Imagen: Edward Hopper. Habitación de hotel, 1931.