Hace 47 años, Duane Michals (McKeesport, Pennsylvania, 1932) exponía en las salas del MoMa de Nueva York. Fue uno de los primeros fotógrafos que exponía en unas salas dedicadas al arte moderno más destacado, facilitando así que la fotografía, entonces aún no considerada en igualdad de condiciones con la pintura ni con otros lenguajes plásticos, diera un paso de gigante hacia la normalización. Este mes podremos ver la exposición de la antología más exhaustiva de toda su vida en la Fundación Mapfre en Barcelona, una muestra comisariada por Enrica Viganó y que reúne la mayor parte de la obra de un artista muy especial. Porque Duane Michals es, ante todo, un fotógrafo pero no es solamente un fotógrafo y, sobre todo, es un fotógrafo atípico, que trabaja sobre la superficie del papel fotográfico como sobre un espejo cóncavo en el que convergen la realidad y la ilusión, sus pensamientos y su propia vida. A lo largo de toda su vida, Michals siempre ha sido reconocido como uno de los grandes, ha trabajado con importantes galerías y ha estado presente a través de libros y publicaciones, pero se ha mantenido alejado de grandes muestras colectivas, bienales y los vaivenes de una fama y de unas modas de las que él se ha reído frecuentemente a través de imágenes paródicas llenas de humor e ironía sobre ciertos artistas de moda de los 80.

Duane Michals es un fotógrafo al que le gusta escribir historias, y las ha escrito sobre las propias fotografías. Todas sus imágenes nos cuentan historias, fábulas, nos transmiten sus ideas y sus pensamientos de las cosas mas variadas. Los propios títulos de sus obras nos lo van a dejar claro: Un esfuerzo fracasado para fotografiar la realidad, 1975; Alguien dejó un mensaje para ti, 1974, El ahora convirtiéndose en entonces, 1978; además de los textos más o menos extensos con los que acompaña las imágenes. Su aspecto más destacado es la propia imaginación, una inteligencia afilada a base de lecturas y de experiencia, y el continuo cuestionamiento de la fotografía y de sus posibilidades narrativas con las que explora la identidad y navega por las diferentes posibilidades de la representación de la realidad. Otra de sus características más persistentes es la realización de obras secuenciales, como en una narración literaria, nos relata las historias en una secuencia de imágenes que pueden ser dos o hasta diez, como páginas de un cuento que nunca es para niños. Entre sus temas, la soledad, el amor, la ilusión, el miedo y siempre, siempre, la importancia en primer plano de la fotografía, siempre en blanco y negro y siempre en formato pequeño, clásico y analógico. Se trata de un clásico que ha sabido mantenerse fiel a sus principios y a sus ideas, aunque también haya sido radicalmente innovador, como cuando a mediados de los 70 realiza una serie de fotografías sin imágenes, solamente con un texto escrito (a mano, como en todas sus obras) sobre el papel fotográfico repetido y editado en cada copia como las fotografías tomadas con una cámara; cada impresión firmada y numerada, confirmando así que incluso sin imagen fotográfica estamos ante la obra de un fotógrafo. La muestra reúne también sus últimos trabajos, que a sus 85 años siguen teniendo una gran influencia del cine, la literatura y toda la cultura japonesa.

(Duane Michals en Fundación Mapfre, Barcelona. Desde el 31 de mayo hasta el 10 de septiembre de 2017)