Hablar de Carlos Cruz Diez (1923, Caracas, Venezuela) es hablar de color, y es hablar de un arte inteligente y renovador pero que en su inteligencia tiene el valor de ser un arte popular a la vez que aceptado y valorado por la crítica y los teóricos. Tantos sus construcciones públicas como cada una de sus exposiciones saben dialogar con la sociedad, sin diferencia de niveles culturales o sociales, con unas obras que plantean en el color, la línea y la percepción del espectador las tres bases de su formulación formal y conceptual, y que conforman unos trabajos en lo que la existencia del público es parte de la obra y a la vez una alegría para la vista, un canto a la vida y a la esencia del arte. Es ahora la fundación Daros para el arte latinoamericano, en su sede brasileña, la que ofrece una gran exposición de este artista venezolano que reside en París y que, vinculado con el arte cinético, ha sabido dotar a su obra de una personalidad propia y de una riqueza visual inagotable. Esta muestra, conformada en torno a las piezas de la Colección Daros como núcleo expositivo, se articula en el color y sus valores didácticos, en una dialéctica con las formas y con otras percepciones estéticas. La larga vida de Cruz Diez le ha facilitado conocer y confrontar su personal forma de hacer con tendencias y artistas de todo tipo, desde el movimiento fluxus hasta las diferentes escuelas de artistas cinéticos, de esta experiencia Cruz Diez extrae continuas enseñanzas en una práctica dialéctica de percepción y aprendizaje. (Casa Daros, Rio de Janeiro, Brasil, desde el 21 de marzo hasta julio).

Hablar de Carlos Cruz Diez (1923, Caracas, Venezuela) es hablar de color, y es hablar de un arte inteligente y renovador pero que en su inteligencia tiene el valor de ser un arte popular a la vez que aceptado y valorado por la crítica y los teóricos. Tantos sus construcciones públicas como cada una de sus exposiciones saben dialogar con la sociedad, sin diferencia de niveles culturales o sociales, con unas obras que plantean en el color, la línea y la percepción del espectador las tres bases de su formulación formal y conceptual, y que conforman unos trabajos en lo que la existencia del público es parte de la obra y a la vez una alegría para la vista, un canto a la vida y a la esencia del arte. Es ahora la fundación Daros para el arte latinoamericano, en su sede brasileña, la que ofrece una gran exposición de este artista venezolano que reside en París y que, vinculado con el arte cinético, ha sabido dotar a su obra de una personalidad propia y de una riqueza visual inagotable. Esta muestra, conformada en torno a las piezas de la Colección Daros como núcleo expositivo, se articula en el color y sus valores didácticos, en una dialéctica con las formas y con otras percepciones estéticas. La larga vida de Cruz Diez le ha facilitado conocer y confrontar su personal forma de hacer con tendencias y artistas de todo tipo, desde el movimiento fluxus hasta las diferentes escuelas de artistas cinéticos, de esta experiencia Cruz Diez extrae continuas enseñanzas en una práctica dialéctica de percepción y aprendizaje. (Casa Daros, Rio de Janeiro, Brasil, desde el 21 de marzo hasta julio).