VÍDEO

En verano es habitual viajar o, por lo menos, escaparnos los fines de semana para alejarnos de la rutina y rodearnos de un paisaje algo menos abrumador que los altos edificios o las infinitas explanadas de cemento que habitualmente nos acompañan en el día a día. Enfrentarnos a la naturaleza puede ser más difícil de lo que parece cuando a menudo vivimos totalmente desconectados de ella. Es fácil, en este sentido, no percibir los pequeños detalles, no estar atentos a todo lo que la naturaleza puede ofrecernos a los sentidos por tener la cabeza ocupada en otros temas propios de la era tecnológica e hiper-social en la que nos ha tocado vivir.

Por todo ello, atender al trabajo del videoartista Lois Patiño puede ser un buen principio para empezar a retomar los lazos con la naturaleza. Lois Patiño (Vigo, 1983) es un joven artista que trabaja con el formato audiovisual y que tiene una capacidad deslumbrante para observar y registrar el paisaje: lo flemático, los movimientos imperceptibles al ojo común, la relación del ser con el entorno y la dimensión romántica que se relaciona con la inmensidad de la naturaleza ante el hombre.

El paisaje ha sido, sin lugar a dudas, uno de los temas fundamentales de la pintura en la Historial del Arte. Como género pictórico el paisaje adquiere autonomía icnográfica a partir del siglo XVI, cuando se da un importante cambió en la concepción de la Naturaleza, pues se convierte en objeto de contemplación. Pero es sin duda el siglo XVIII y el romanticismo con pintores como Caspar David Friedrich o William Turner donde vemos relaciones más directas y explícitas con la obra de Patiño.

En En el movimiento del paisaje (2012) –aquí recuperamos una de las tres piezas de este proyecto– se observa una figura humana, inmóvil ante un paisaje que lo envuelve y que, a pesar de ser aparentemente estático, dicho paisaje va cambiando sutilmente. Lo que Lois Patiño investiga es la relación entre el la inmensidad del paisaje y el hombre solitario, que es lo que el pintor Caspar David Friedrich quería transmitir con aquel pequeño monje frente al mar.