OPINIÓN

No quería hablar más de ARCO. Pero parece que si no lo hago estoy faltando a un deber insoslayable. Todos los suplementos culturales, las revistas, los colorines de los diarios, los culturales televisivos, los periódicos de provincias, hasta los más lejanos y en ciudades en que la mayoría de sus lectores ni saben ni les importa que es eso de “arco”, le dedican todo el espacio dedicado a la cultura, al arte. Y todos decimos más o menos lo mismo, es decir apenas nada. Cada vez me recuerda más a esa información deportiva que se da antes y después de los partidos, que se infla de nada hasta que ya cansa, cuando lo único que realmente importa es, sería, el partido en sí mismo. Todos damos opiniones, como si importasen algo, igual que todo el mundo sabe más que el entrenador de turno de lo que habría que hacer para ganar. Y ARCO, como cualquier partido de fútbol, tiene una duración concreta, apenas cuatro o cinco días. Lo que dura una feria ¿Y después de ARCO, qué?


No conozco ningún país, ninguna ciudad en donde la existencia de una feria de arte sea tan importante. Parece que en España todo se centra en esos cinco días de febrero. Y eso es absolutamente falso. Ni el mercado español depende exclusivamente de ARCO, aunque sea ciertamente importante, ni mucho menos el arte español, para el que ARCO significa un encuentro coyuntural en el que puedes no encontrarte con nadie. Son muchos los artistas que no están en ARCO, son muchas las galerías que tampoco están en ARCO, y desde luego ni la teoría, ni la crítica, ni la creación dependen en absoluto de ARCO. Y la verdad es que cualquier profesional, aunque sea galerista, sabe que hay más vida, incluso que existe una vida mucho mejor y más interesante más allá de ARCO. Vamos, que ya está bien de dedicarle tantas páginas y tantos comentarios cuando pasados esos cinco días de febrero esas personas no van a interesarse por lo que les pasa a los museos, ni a los artistas, ni por nada que tenga que ver con el arte español. Aunque algunos no lo crean, no es el mercado lo único que mueve el mundo del arte. Después de ARCO los coleccionistas deberían seguir comprando, visitando galerías, leyendo revistas, y los artistas seguirán –sin duda– trabajando, exponiendo; las galerías haciendo sus exposiciones, intentando algo más que llegar hasta el año que viene al próximo ARCO.


Olvidamos lo más sencillo de todo: ARCO es una feria. En Basilea o en Londres, ni en México siquiera, los directores de los museos del lugar no se preocupan de si la feria es la adecuada o no; los políticos la visitan, pero ni salen en los periódicos; la vida cultural no se para durante las ferias en ningún lugar del mundo. Cada uno tiene sus funciones, y cumplirlas adecuadamente es lo que debería importarles. Y no querer decirle al entrenador de tu equipo que alineación debe poner. Al final, tal vez ARCO sea realmente importante, no se entiende si no, que todo el mundo quiera tener la solución, la última palabra, la verdad.


Dejemos que esos cinco días de feria pasen lo mejor posible, que los dados giren y que todos ganemos un poco o un mucho. Y hasta el año que viene, cada uno a lo suyo y todos a seguir adelante.