OPINIÓN

Cada día recibo decenas de convocatorias, a la semana un incalculable número de ofertas para participar en premios de pintura, dibujo, diseño, performances, para becas, residencias artísticas, es cierto que la gran mayoría es para artistas, pero empiezan a abundar las destinadas a comisarios, curators de todo y para todas las circunstancias imaginables. No suele haber muchas para teóricos, así, a palo seco. Ninguna para críticos, y eso sí, la infinita mayoría son para jóvenes que empiezan su andadura con la ilusión de exponer en o dirigir un museo de primera línea antes de los 35. Y es que a que menos se puede aspirar en esta sociedad que consume el tiempo a una velocidad match 3, que nos consume a todos como si fuéramos papel de fumar sin tabaco dentro. Si se quiere ser alguien hay que triunfar, hacerlo pronto y claro. Y eso solamente queda diáfano con dinero y reconocimiento, cualquier otro tipo de éxito es incomprensible. Quienes piensan así son todos esos que dicen que no van a vivir más allá de la edad de Cristo, aunque luego en llegando a los 33 reflexionan y empiezan a darse plazos hasta que el cáncer, un ictus, un accidente o cualquier adversidad imprevista les toma la palabra y se los lleva a un mundo seguramente mejor, ya que es improbable que en ningún otro mundo haya tantos museos, tantos artistas y sobre todo en el que ya nadie seguramente tendrá prisa para nada.

Entre toda es ingente cantidad de ofertas de masters, postgrados, residencias, becas y financiación de proyectos, ha habido uno que sinceramente me ha impresionado. Es el “primer y único programa que ofrece una graduación en curaduría de performance” (Performance Curation). Se trata del Institute for Curatorial Practice in Performance (ICPP) en la Wesleyan University y es por supuesto un grado diferente de cualquier otro tipo de estudios de curaduría o de estudios sobre performance o administración en artes, humanidades… realmente es sin duda diferente a cualquier cosa que he visto nunca. Dos años de estudios. Me recordaba una conversación con Jorge Wagensberg, uno de los sabios que quedan en España, en la que me decía que la ciencia se está volviendo tan especializada que ya nadie sabe nada útil, que la estructura científica es como un gran rascacielos de apartamentos pequeños: en cada uno hay un experto que lo sabe todo sobre algo muy pequeño, pero no sabe nada mas de nada; al lado otro estudioso lo sabe todo sobre otra ínfima parcela del conocimiento, pero nada más. Y así el edificio entero alberga una sabiduría inmensa pero nadie de los que lo habitan sabe relacionar un conocimiento con otro, al final ningún conocimiento sirve para nada. En arte la especialización, junto con ese sistema educativo que considera la historia como una carga insoportable, está consiguiendo que nadie conozca ningún artista que no esté de moda, que el que sabe de foto no sepa nada más, y el que sabe de los 80 no tenga ni idea de los 90. Y ya el curador de performance solo podrá hacer expos con peformers, los performers solo podrán tratar con otros performers, los pintores con pintores, los críticos con una sola tipología de artistas…. Y yo que creía que el arte, la cultura era un conocimiento amplio, inclusivo, en el que todo podía ser tenido en cuenta!!!

Ahora todos seremos especialistas en un solo baile, una sola obra, solo sabremos un chiste, monopolios culturales individuales que no seremos nada ni disfrutaremos de nada pero seremos especialistas en algo de lo que nadie sabrá tanto como nosotros. Tendremos nuestro propio circo de pulgas, que nadie verá ni entenderá. Por cierto, las aplicaciones para el curso finalizan el 15 de enero de 2016.