El diseño ideado por el arquitecto Johannes Milla en colaboración con la coreógrafa Sasha Waltz para conmemorar los veinte años de la caída del Muro de Berlín y la reunificación alemana está causando duras críticas incluso antes de haberse empezado a contruir. El proyecto plantea una plataforma cóncava de 50 metros que oscilará a los lados en función del peso de los visitantes que se suban a ella. Un balancín de grandes dimensiones que se ubicará en la plaza de Schlossplatz donde se pretende a su vez reconstruir el Palacio Hohenzollern, dañado durante la II Guerra Mundial. El peligro al que podrían verse expuestos los visitantes que se cayeran del balancín, convierte este proyecto en una propuesta arriesgada y poco apropiada para un monumento que conmemora un hecho político de la envergadura de la reunificación. La idea de solucionar los problemas de seguridad mediante vigilantes privados atenta contra la idea misma de arte público y no evitaría daños como que la plataforma fallara por motivos estructurales. Agrava la polémica el hecho de que este proyecto costará más de 10 millones de euros.