Se ha hecho público esta semana las cifras de ventas realizadas en las subastas durante el año 2013, confirmando lo que todos sabíamos: a mayor crisis económica, mas altas las cotizaciones y más abundantes las ventas de productos artístico. No nos engañemos, este crecimiento en más de 2.000 millones de euros entre el 2012 y el 2013 no se debe a que haya aumentado el interés por la belleza, el conocimiento o el placer de la experiencia estética se haya generalizado, simplemente es que el arte es un valor cada vez más seguro para los inversores. Incluso, incomprensiblemente para una mente financiera, el de Jeff Koons. En 2013 se alcanzó, sólo en subasta, un record nunca antes soñado de 12.000 millones de dólares (estas cosas siempre se cuentan en dólares), sin contar con las comisiones de las casas de subastas, que serían entre un 15% y un 20% más. Y, claro, no se cuentan todas esas ventas imposibles de cuantificar y que seguramente sumarian unos cuantos miles de millones más: las realizadas en ferias de arte a lo largo de todo el mundo. En las subastas entran las piezas más caras pero el “menudeo” de las ferias, de las miles de galerías en todo el mundo, hace que estemos convencidos de que estamos hablando de posiblemente más del doble de miles de millones de dólares, de euros, de yenes…. Todas las ferias que dan a conocer sus datos, siempre de forma abstracta, afirman que “este año se ha vendido más que el anterior”, en una carrera sin final hacia el futuro desconocido. Contra eso la crisis que atenaza a gran parte de la Europa del sur poco puede aportar, pero compensa el dinero joven de los ricos latinoamericanos y de los nuevos millonarios chinos, que ya sabemos que China es el país con un mayor aumento de millonarios del mundo en el pasado año, seguramente porque también ha crecido en China la desigualdad social. Y no olvidemos las fortunas árabes, silenciosas pero grandes compradoras de arte. Un arte que en sus países no tiene posibilidad ninguna de ser expuesto ni visto por nadie, y que se guarda en cajas de seguridad suizas o en palacios privados.

Por una parte estas informaciones reduccionistas a cifras del valor de unas obras que nunca pretendieron convertirse en lingotes de oro sin mayor personalidad estética, social, cultural, nos habla de que ese mundo incomprensible para la mayoría de los gobiernos que es el del arte, es un negocio de proporciones desproporcionadas, es decir, harían bien apoyándolo un poco más. Por otra parte ponen de manifiesto la cada vez más profunda quiebra entre la creación actual y las posibilidades de crecimiento de las colecciones públicas, como ha dejado claro Alfred Pacquement, director ejecutivo del Centro Pompidou, en una conferencia en CaixaForum en Barcelona. Sin ayudas fiscales para los donantes de obras, para los coleccionistas particulares y empresas que cedan o donen sus obras y colecciones al patrimonio público, los museos se quedaran obsoletos, serán todos de arte antiguo, en muy poco tiempo. Ningún museo puede competir con un jeque árabe, por ejemplo, ni con el rey del pollo frito o con el marido de la hija del rey de la Formula 1, que pelea con la National Gallery de Londres por un cuadro que acabara sin duda en el salón hortera de un rico presuntuoso.

Es tiempo no sólo de batir records de gasto, es el momento de pensar y repensar cual es el valor del arte, su relación con los sistemas de poder, con el futuro y con la idea de propiedad privada y pública cuando hablamos de bienes culturales, de la creación y conservación del Patrimonio, que no es sólo remozar fachadas de conventos. El arte actual es el patrimonio de mañana, y si lo descuidamos hoy mañana no tendremos nada. Otro día hablaremos del precio de los más caros, los más vendidos, ahora eso, realmente no nos importa.

Imagen: Jeff Konns. Tulips.