Hace poco el director del Reina Sofía reconocía que el Museo, a pesar de contar con un presupuesto de 33 millones de euros (un millón menos que el año pasado) había tocado fondo, y que ya no se podía recortar más sin plantearse una situación crítica. Anunciaba también la llegada desde México de Ana Tomé (directora de los centros culturales de España en varios países latinoamericanos, entre ellos la Habana, Sao Paulo y México DF) como directora de la Fundación del Museo y con el principal objetivo de recaudar ayudas adicionales a este presupuesto menguante. Pero no sólo es el Reina Sofía el que tiene problemas: el Museo Thyssen, que anuncia el “año Munch” para 2015, está ya en números rojos. El museo perdió en el 2013 5.200.000 euros, mientras que en 2012 solo tuvo 22.62 euros de pérdidas. Culminando el triángulo de los tres grandes en Madrid y en toda España, el Museo del Prado anuncia pérdidas de algo más de seis millones de euros en el balance del 2013, el continuo descenso de los presupuestos oficiales le ha llevado a buscar en las iniciativas empresariales y privadas ya el 70% de sus ingresos. Menos visitantes, una caída en picado de la venta en las tiendas, de los catálogos, se unen a los recortes presupuestarios en un declive continuado de ingresos que el reina Sofía pudo superar con la exposición de Dalí, que aumento hasta los ingresos de los bares de la zona, demostrando lo que todos sabemos: que la cultura puede generar beneficios con grandes nombres. El problema es que Dalí sólo hay uno, y el reto es conseguir recuperar el público, ilusionarlo con propuestas que sean no sólo espectaculares sino inteligentes. Tal vez el Thyssen con la exposición del Pop pueda levantar algo la taquilla, y el Prado haga lo mismo con el Greco. Pero estos números rojos en los grandes museos avanza la situación de los que no pueden llegar a Dalí, ni al Greco ni a Richard Hamilton.