OPINIÓN

Hace años que las Guerrillas Girls hicieron famosa la frase de que las mujeres para entrar en las colecciones de los museos debíamos estar desnudas. Naturalmente era la broma que comentaba el porcentaje de mujeres que estaban presentes en los museos, y cómo realmente nuestra presencia se centraba en el papel de desnudos en pinturas, fotos y esculturas. Pues hoy en día parece que ni desnudándonos conseguimos mejores porcentajes. Lo cierto es que su activismo, a medio camino entre la acción política y la acción artística, ha quedado instaurado como crítica al marcado carácter machista del sector artístico.


En un sector en el que los estudios de género, una evidente mayor capacidad intelectual que la media de la sociedad, y una mentalidad supuestamente más abierta deberían anular cualquier tendencia corporativa, cualquier intención de marginación por razón de sexo, resulta que no es así, que sigue siendo algo parecido a los clubs privados: “solo socios”. Claro que si aquí hay pocas mujeres en las zonas más altas de todos los capítulos, hace años que me resultó sorprendente que en Brasil no hubiera nada más que un director de museo de raza negra o mestizo, siendo un país como es bien sabido de mezcla de colores y razas, donde el blanco no es color predominante. Y si seguimos así, en países donde la sociedad no es rubia y blanca sorprende como sus políticos, sus presentadores de TV, sus actores si lo son… cosas sorprendentes ¿o no?


Volviendo a España hay que reconocer que el hecho de que las mujeres sean marginadas sistemáticamente no parece indicar un sesgo de puritanismo, ya que no sucede así con la población homosexual (al menos en lo que respecta a los hombres, las mujeres también aquí llevan peor trato), que alcanza porcentajes elevados. Pero esto significa algo bueno: que un territorio, como el del arte y la cultura, que siempre ha sido “cosa de mujeres”, ya es reconocido como un sector serio, profesional y económicamente rentable, de prestigio social, y por eso ya son los hombres los que triunfan en él. Cuando estudiaba historia del arte la presencia femenina en las aulas era masiva, frente a un puñado de estudiantes varones. Y los porcentajes no parecen cambiar, por ejemplo en el curso 2003-2004 en las escuelas de Bellas Artes el porcentaje de mujeres era del 64%. En aquellos años los hombres tenían que estudiar cosas serias, de futuro, que les dieran prestigio y dinero: ingenierías, medicina, arquitectura, economía, derecho… para las chicas, para sus hermanas, quedaba el arte y tocar el piano.


Son muchas las mujeres que cocinan todos los días, pero los cocineros famosos son hombres. Son muchas las mujeres que estudian y hacen arte, pero los artistas famosos suelen ser hombres. Los directores, los críticos, los conservadores de museos…suelen ser hombres. Por poner algunos ejemplos: de las 177 exposiciones organizadas por las galerías de arte del Consorcio de galerías de Arte de España (las más importantes) sólo 34 son de mujeres. Si contamos en las últimas 15 convocatorias del Premio Nacional de Artes Plásticas, sólo 3 son mujeres, igual que en las últimas 15 convocatorias del Premio Nacional de Fotografía, sólo tres mujeres. Claro que Premio Velázquez sólo una (y no es española) en nueve ediciones, y el premio Príncipe de Asturias de Bellas Artes, convocado desde 1982, nunca se ha concedido a una mujer.


Dirán que para la calidad el sexo no es un elemento a considerar, entonces yo les preguntaría que si no lo es, ¿cómo hay tanto hombre en todas partes? ¿Son mejores?¿lo hacen mejor todo? Sinceramente creo, sé, estoy segura, que no.


Si quieren más datos sobre lo que “pintamos” las mujeres en todo esto, entren en la página de MAV (Mujeres en las artes visuales) www.mav.org.es .Sólo queda esperar que fregar, hacer la compra, cuidar a los niños y a los viejos, etc., se convierta en algo prestigioso y bien remunerado, así lo harán los hombres y nosotras nos podremos dedicar a trabajar en lo que nos guste.