En España existe una larga tradición de salir del país para poder ganar dinero y enviarlo a la familia, o para volver más tarde para asentarse en casa. Es lo que se llama emigración y, hasta hoy, parece que sólo existía en el sentido de llegada y no en el de salida. Pero eso es algo que está cambiando, no sólo porque los jóvenes con idiomas se van a Inglaterra o a Alemania, e incluso los que no tienen idiomas se van a México o a Argentina (países todos con mejor presente que España), sino por que las empresas artísticas también se plantean salir fuera a ver si pueden ganar algo más que aquí.


Eso es lo que se desprende de la cada vez mayor afluencia de galerías españolas a todo tipo de ferias en el extranjero. Ferias de arte pequeñas o medianas como MACO en México, o PINTA en Londres, la feria de Viena, la de Berlín, la de Bruselas… Cada vez más las galerías cogen el petate y la calculadora y se lanzan a viajar a ver si hay suerte. El director de Pinta lo resume diciendo que salen fuera porque en España ahora no se vende nada, y es el comprador extranjero quien puede aliviar la economía. Claro que a veces no es tan fácil.


Si tomamos como ejemplo la reciente feria celebrada en el D.F., MACO, la afluencia de galerías españoles era sorprendente: un total de quince galerías, más el doblete de Joan Prats en dos secciones. Claro que la suerte, igual que la apuesta y la experiencia de cada uno fue dispar. Por un lado la primeriza Maisterra Valbuena tuvo la suerte del novato: fuertes ventas el primer día de la obra de Ballester y el premio Centenario (10.000 dólares americanos en adquisición) a Karmelo Bermejo. Pero otros más experimentados en el mercado mexicano como La Caja Negra, Luis Adelantado, Valle Ortí (con el premiado de Purificación García/Latino en su stand), o Travesía Cuatro, repitieron su éxito y quedaron tranquilos. Buenas caras en Palma Dotze, Álvaro Alcázar, el nuevo en esta plaza Parra & Romero y Formato Cómodo. Y aparente desastre en Joan Prats, la Fábrica, Distrito 4, Fúcares, Rafael Ortiz y Alejandro Sales, por distintas razones. Sales por apostar siempre al mismo artista en plan one man show: no hay mercado que lo aguante tres años seguidos; Prats por confundir México con una ciudad europea; La Fábrica por no salir de la tónica de repetir el mismo stand por todas las ferias del mundo… Naturalmente cada uno se equivoca como puede, pero igual que Fúcares lo hizo bien y sembrando para un futuro inmediato, otros siguen creyendo que desde Europa vamos a dictar las normas, y evidentemente, no es así.


MACO es una feria que en su octava edición ha crecido y se ha internacionalizado, que es cada vez más fuerte y demuestra que en México hay dinero, alegría y ganas de gastar. Con cada vez más público (se habla de 10.000 personas el día de la inauguración, pero el resto de los días los pasillos estaban llenos igualmente), con la chequera dispuesta y las ganas a flor de piel. Hasta Lisson acudió con sus mejores piezas, vendiendo un Anish Kapoor de 1.800.000 dólares a un empresario mexicano que quiso pagar en metálico ante la estupefacción y disgusto de los ingleses, que se preguntaban cómo iban a pasar ese dinero por la aduana. Esto es México, señores, y el próximo año esperamos que la presencia española se clarifique un poco y no de esa impresión invasiva. En la emigración hay que ser, al menos, humilde.