ZONA CRÍTICA

  • Fachada de MARCO de Vigo

El 14 de diciembre de 2016, Iñaki Martínez Antelo hacía pública su decisión de no renovar contrato como director del MARCO de Vigo. La noticia, que en una situación normal podría recibirse como un cambio de ciclo habitual y necesario para cualquier museo, hizo sin embargo saltar las alarmas de una posible intervención directa del ayuntamiento de la ciudad, temiendo incluso una evasión del Manual de Buenas Prácticas en los museos españoles, que el director recomendó seguir en su comunicado con el fin de convocar un concurso bajo el juicio de un comité de expertos para decidir quién se haría cargo de la dirección los próximos años. La reacción del regidor local, Abel Caballero, no se hizo esperar y el 28 de diciembre en una entrevista radiofónica para Onda Cero, a la pregunta sobre la dimisión de Martínez Antelo y los planes de futuro para el museo, lanzaba declaraciones como “hay docenas y docenas de personas en esta ciudad que lo harán maravillosamente bien” o “haremos un proyecto, y además vamos a hacer un proyecto distinto. Vamos a cambiar el proyecto del Museo MARCO. Vamos a hacer un proyecto adecuado a la demanda de Vigo, a las necesidades de Vigo y va a ser un proyecto excepcional y muy bueno”. Sobre la posibilidad de convocar un concurso, el alcalde respondió: “se hará como marquen las normas. ¿Por qué tiene que haber un concurso?”.

Las imprecisas declaraciones de Caballero, además de dejar más o menos claras sus intenciones de tomar el control sobre lo que sucedería a partir de la salida de Iñaki Martínez, evidenciaban también su falta de consciencia acerca de lo que ha supuesto no sólo para Vigo, sino para todo el contexto nacional e internacional la existencia de un proyecto como el del MARCO, que por cierto ya comprende en su eme inicial la palabra “museo”. Desde la decisión de Martínez Antelo y ante la gravedad de las declaraciones del alcalde, la respuesta por parte del sector cultural no se hizo esperar y a las constantes muestras de apoyo lanzadas en redes sociales, se sumaron una serie de opiniones firmadas por nombres como Juan de Nieves, Santiago Eraso, Carlos L. Bernárdez, Rosa Olivares o Elena Vozmediano entre otras, en diferentes medios de comunicación como denuncia de lo que ya se intuía podría suceder en los siguientes meses.

Habría que tener en cuenta que el presupuesto del MARCO se repartía en los años de bonanza entre aportaciones del Ministerio de Cultura, la Xunta de Galicia, la Diputación de Pontevedra, el Concello de Vigo y la Obra Social de la desaparecida Caixanova. El estallido de la crisis y la desaparición de las cajas -cuyo responsable directo fue la mala gestión del problema por parte de la Xunta, que condujo a la fusión y posterior desaparición de estas-, sumado al permanente enfrentamiento político de Caballero con el resto de instituciones gallegas ha llevado al MARCO a esta falta de libertad de movimientos, viéndose en una situación de ahogamiento presupuestario y de control total por parte del Concello de Vigo.

Para quien conozca mínimamente el historial de Abel Caballero, estos acontecimientos no deberían resultar especialmente inesperados. Su intento de injerencia en la programación del MARCO ha sido una constante en los últimos años, llevando a la dirección del museo a un callejón sin salida en que a la paulatina reducción del presupuesto anual se han sumado los desplantes públicos al director del museo o el permanente intento de saltarse el programa elaborado por el equipo y llevar a las salas una serie de esperpénticas propuestas que hasta ahora se han conseguido evitar.

Sala de exposiciones MARCO

La negativa constante de Iñaki Martínez y su equipo a albergar estas exposiciones y actividades impuestas por Caballero desencadenaron un enfrentamiento con el gobierno local, que si antes tenía en el MARCO su bastión de resistencia contra la Xunta de Galicia y la Diputación de Pontevedra, ahora, con la obtención de la mayoría absoluta tras las elecciones del 2015 y la consecución de la presidencia de la diputación, el poder de Caballero en la provincia se ha hecho total y ha ido cambiando al enemigo hasta situarlo dentro de las propias instituciones municipales. Concretamente dentro de las instituciones que no han aceptado esta serie de intromisiones.

El gusto de Abel Caballero por presentarse en eventos multitudinarios y convertirse en el centro de atención es una práctica habitual. Caballero es de esos regidores que conquistan a la juventud subiéndose a una bicicleta o a la afición de un equipo cargando contra la directiva de otro. La receta es simple y se instala bajo el omnipresente epígrafe de un populismo cuyo significado ha sido totalmente manipulado y que desde hace tiempo invade la política estatal cubriéndola de un halo rancio propio del NO-DO. No olvidemos que en los últimos años la política de Caballero ha tenido en la instalación de atrezo y mobiliario urbano un importante reclamo publicitario que lo ha situado donde ahora está, en una posición privilegiada, aupado por una masa de votantes que ha ido en aumento desde su primer mandato. Basta recordar la aparición de un seto con forma de dinosaurio en la Puerta del Sol de Vigo; un inmenso barco ubicado, pese a las múltiples protestas vecinales, en una glorieta del barrio de Coia o la decoración navideña frente al MARCO, que recicló sus motivos durante los carnavales y la fiesta de la Reconquista, y que fue retirada posteriormente ante el evidente deterioro del que ya había alertado el museo. Tampoco hay que olvidar la Fiesta del Primer Aceite de Jaén en Vigo, que ocupó el espacio de la fachada y que obligó a cerrar las escaleras centrales del acceso principal al MARCO. Y como estas han sido muchas.

En los últimos meses los acontecimientos se han sucedido de la siguiente manera: el 29 de abril se publicaban en el periódico La Voz de Galicia unas declaraciones de Abel Caballero que afirmaba que «Lo más importante es que esta sala de exposiciones, Museo Marco, está pagada prácticamente en su totalidad por el Concello de Vigo» o «Y tenemos muchas ideas de cómo adecuar esto, porque ya pasaron unos años y ya es el momento de la adecuación; y las tenemos y las vamos a poner en práctica». Su plan parecía comenzar a andar y sólo dos semanas después, el 13 de junio, decidió en la reunión del patronato del museo –al que no acudió el representante del Ministerio de Cultura y a la que no se permitió la asistencia del todavía director Iñaki Martínez Antelo- hacer uso de su poder como institución que aporta actualmente el 76% del presupuesto total del museo para aumentar a ocho los vocales del ayuntamiento rompiendo así toda posibilidad de desacuerdo en las próximas votaciones. Caballero se aseguraba con esta maniobra el poder total de decisión en los acontecimientos que están por llegar. El 23 de agosto el Diario Atlántico recogía las primeras declaraciones de Caballero con respecto a un plan concreto para el MARCO. El alcalde, ya con todo el poder dentro del patronato que preside, confirmaba sus intenciones de llevar al museo la colección de pintura del ayuntamiento –una colección que actualmente se reparte por la también asfixiada red museística de Vigo: “está en el mejor lugar del mundo para un museo y quiero que responda a eso y que sea capaz de atraer a toda la ciudad”, “tiene que tener una visión más amplia, porque no somos el Reina Sofía y no tenemos el Guernica”, “en Vigo tenemos capacidad museística y lo que se puede hacer con eso en un lugar de exposición permanente” y “hay que reordenar y los artistas nos tienen que decir cómo y de qué forma; pero queremos más implantación de la ciudad en el ámbito museístico”.

La intención de mover parte de las obras que hasta ahora podían verse en espacios como la Casa das Artes o en la Pinacoteca Francisco Fernández del Riego, situadas ambas a menos de quinientos metros del MARCO, confirman la intención de centralizarlo todo en un mismo espacio y de terminar así con el proyecto del MARCO. Caballero cita en cada nueva declaración cuestiones como la afluencia masiva de público o la necesidad de preguntar directamente a los artistas cómo sacar adelante este impreciso proyecto que plantea. En ningún caso la comunidad artística gallega ha sido preguntada, ya que en su mayoría ha manifestado públicamente su preocupación con respecto a los últimos acontecimientos y la intención de llenar el MARCO de espectadores responde únicamente al ya conocido anhelo de muchos políticos por medir el éxito o el fracaso mediante la cantidad de visitantes. Lo que Caballero pretende es mostrar de forma permanente una colección sobreexpuesta y que no ha sido actualizada en las últimas décadas, ahorrándose así el problema que ha representado el MARCO para sus ansias de poder y bañándolo todo de una falsa preocupación por la ciudadanía.

Verbum de Vigo

Vigo cuenta con una red museística que, además de los citados, incluye otros como el Verbum, cuyo programa responde también a la total falta de planificación del gobierno de Caballero. Espacios infrautilizados, escasez de recursos económicos y de profesionales aptos para sacar adelante un proyecto consistente que ha atendido siempre a las ansias de un regidor totalmente fuera de época. No es efectivamente un hecho aislado, es un mal endémico que afecta a todo el Estado Español y que en Galicia se traduce en decenas de espacios expositivos programados a dedo por presidentes de diputaciones, alcaldes y conselleiros que han conseguido dilapidar millones de euros ofreciendo a la ciudadanía una oferta cultural inconexa, que en ningún caso ha respondido a las necesidades reales de un país que ha visto, como caso más preocupante, enterrar en un lugar como la Cidade da Cultura los presupuestos de las próximas generaciones. El resultado es la paulatina asfixia de unas instituciones culturales que a duras penas se habían ido consolidando y que ahora afrontan un futuro incierto.

Resulta hoy más desalentador que nunca leer las palabras de Luis Seoane, quien en 1970 y con motivo de la fundación del Museo Carlos Maside escribía para el primer número de los Cuadernos del Laboratorio de Formas de Galicia: “Hoy un museo es en realidad mucho más que un depósito de cuadros y esculturas, obras que se consideraban de arte mayor, donde se mantenían y catalogaban. Es un centro vivo de actividad cultural y ya no puede estar en las manos de cualquier director, nombrado de acuerdo a unos supuestos merecimientos o por influencias personales, sino dirigido por expertos y gentes con sensibilidad e inquietudes capaces de transmitirles a los demás. […] Un museo de hoy no es exactamente una institución que está de acuerdo con el pasado sin conjugarlo y con el presente sin someterlo a crítica”. El modus operandi caciquil de muchos de nuestros gobernantes ha dado como resultado que en la actualidad un caso como el del MARCO ya no resulte extraño y sin embargo la posibilidad de que una institución convoque un concurso siga mereciendo el aplauso, cuando en realidad es lo mínimo que los ciudadanos deberíamos exigir.