OPINIÓN

En el mundo del arte actual hay algunas cotas que son consideradas por todos como lo más destacado, lo más poderoso, lo mejor. Por ejemplo, Art Basel es la feria más importante de todas las que se celebran en el mundo, modelo y guía para todas las ferias que en el mundo son, han sido y serán. Una feria a la que todos querrían poder entrar. Richard Serra, Andy Warhol, Ed Ruscha, Takashi Murakami, son algunos de los artistas actuales más importantes, influyentes y mejor cotizados; podríamos añadir más nombres pero, desde luego los ya citados son indudablemente referencias en el arte actual. Larry Gagosian es el galerista más influyente del mercado de arte actual. Es algo que nadie duda, y que además se recuerda sistemáticamente en esas listas de “los más” (más ricos, más poderosos, más influyentes, más famosos…).


Hasta aquí sólo estoy repitiendo obviedades que todos saben, que podrían ser cuestionadas pero que son aceptadas por el establishment como hechos constatados. Pero, de repente, salta la sorpresa, y resulta que los “más”, en este caso el señor Gagosian, también son excesivamente ambiciosos y podríamos decir, confiados. Más aún, diríamos que al señor supergalerista parece importarle el arte mucho menos que una posibilidad de vender lo que sea. Y así, hace un par de semanas inauguraba en su sala de Nueva York (recordemos que tiene espacios en Nueva York, Londres y Roma) una muestra individual de Bob Dylan. Sí, ese famoso cantante de señalada voz nasal, que ahora resulta que también es pintor. Pues bien, el señor Gagosian se presta a hacerle una exposición al cantante. Recordemos que su galería representa a los artistas que más arriba he mencionado y a muchos más de la categoría de Mark Tansey, Richard Avedon o Douglas Gordon. Pues bien, le hace una exposición a Bob Dylan de su trabajo Asian series, una visión de la experiencia del cantante en sus viajes a Japón, Vietnam, Corea, China y Tailandia. Se trata de una serie de pinturas y dibujos realistas de una calidad de galería de pintura de tercera o cuarta línea de una ciudad como, por ejemplo Ohio. Pero la firma es de Bob Dylan. Es decir, da igual la calidad, el interés artístico no parece importarle mucho a Larry frente a la posibilidad del boom mediático y las buenas ventas.


No sé si esto es una sorpresa pero lo que seguramente si ha sorprendido al confiado galerista y a su equipo (se supone que compuesto por profesionales de primera, pero ¿profesionales de qué?) es que varias (es decir muchas, vamos, demasiadas) de las pinturas y los dibujos son copias literales (es decir, lo que los niños llamaban “calcos”) de fotografías de Cartier Bresson, de fotógrafos de Life, de fotografías antiguas orientales… Copias exactas en todos sus detalles de imágenes fotográficas que el cantante famoso de voz nasal debe considerar que no conoce nadie más que el, pensará que como son fotos no le importan a nadie. Y que de hecho parece que ni el importante señor Gagosian, ni sus destacados profesionales efectivamente no conocían. Es decir que ha conseguido que en la red se debata por todo el mundo el hecho de la copia del cantante, la vergüenza y estupidez de atreverse a exponer esos mediocres dibujos y pinturas en la galería más importante tal vez de todo el mundo.


Lo que no hemos oído es ni una palabra sobre la estúpida ambición del galerista, sobre su ignorancia y su poca profesionalidad. Las risas de sus colegas supongo que se oirán por todo Manhattan.


Copias, mentiras, ambición y estupidez, pero la verdad es que no sé si todo esto le importa a alguien, tal vez ni el arte le importe a nadie. Tal vez ni a los artistas que trabajan en la Gagosian y que tendrán que exponer después de Dylan, el pintor de la voz gangosa y el plagio sistemático.

Bob Dylan. The Monk, 2009. Cortesía de Gagosian Gallery, Nueva York.

Foto: Joshua White