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En 1973 le instalan a Isidoro Valcárcel Medina el teléfono en su casa; este simple hecho será tomado por el artista como todo un acontecimiento para crear una de las piezas más sencillas pero efectivas y poéticas de su carrera. En la obra Conversaciones Telefónicas Valcárcel Medina llama a casi ochenta personas para ofrecerles el número de teléfono del artista; algunos no entienden para qué pueden querer su teléfono, a lo que Valcárcel Medina responde “Hombre, eso no lo sé. Usted sabrá si le puede interesar”. Personas de distintos barrios y clases sociales contestaron a la llamada del artista, aunque la reacción de cada uno era distinta.