OPINIÓN

  • Cómo distinguir una obra de arte de una fotografía

Desde que Oliver Sacks nos explicó que había un hombre que confundió a su mujer con un sombrero, sabemos que cualquier cosa es posible. Con tantos años en el mundo del arte tenemos la experiencia de que hay muchas pinturas, esculturas, dibujos, fotografías y todo tipo de actos, objetos y pensamientos que se han confundido, se confunden y se confundirán con una obra de arte hasta el punto de que llegue el momento en que no sepamos definir claramente las diferencias y aceptemos que una obra de arte puede ser cualquier cosa y nadie pueda decir claramente qué es realmente una obra de arte. Me centraré en la fotografía, esa técnica maravillosa cuyo objetivo esencial fue democratizar el arte, hacer que cualquiera pudiera tener su propio retrato en su casa como si fuera un noble o un rico mecenas, y que, finalmente, ha conseguido que todo el mundo, incluso sin haber manejado nunca una máquina de fotografía, se considere un fotógrafo y, por extensión, un artista. Circula por Facebook un post que viene a decir que Instagram nos ha hecho creer que todos somos fotógrafos, Facebook que tenemos muchos amigos y que el despertar a la realidad iba a ser muy duro. Porque la fotografía ha pasado en unas pocas décadas de ser negada como arte por museos, historiadores, artistas e incluso por los propios fotógrafos a convertirse en un arte generalizado y sin fronteras. Pero debemos decir que una fotografía bonita no es una obra de arte, y una fotografía ocurrente tampoco lo es necesariamente. Una fotografía impactante tampoco. Que la diferencia entre un documento y una obra de arte es casi la que hay entre su mujer y su sombrero. Claro que una pintura de unos caballos corriendo por un bosque imposible o un amanecer bellísimo, tampoco es una obra de arte. Que ni la artesanía, ni el documentalismo, ni los archivos, ni la fotografía de prensa, ni los retratos de famosos… Son obras de arte… O tal vez sí.

Según diversos artistas con los que a lo largo del tiempo he hablado de este delicado tema, el arte no es la facilidad ni el dominio de la técnica, sino la intención que hay detrás de la obra. Para algunos el arte es aquello que nos hace repensar en la organización del caos, lo que nos convulsiona, lo que nos aboca a la duda, aquello que de alguna manera cambia la percepción de la realidad que teníamos antes de contemplarla. Yo añadiría que se acerca a una obra de arte todo aquello que sirve para que nos cuestionemos la realidad de las cosas, todo lo que puede estar en la semilla de nuestras dudas, lo que puede generar un cambio esencial… aunque sea en uno sólo de nosotros. La obra de arte es algo resbaladizo, porque tal vez un cuadro excelentemente pintado, bello y armónico, no sea una obra de arte, mientras que el gesto de un performer sea algo revelador. Es difícil afirmar, pero no lo es tanto negar.

La fotografía que acompaña estas líneas es de Nick de Margoli para París Match, el día de la boda de Edith Piaf en Nueva York, en ella vemos cómo Marlene Dietrich le arregla uno de sus zapatos. La estructura interna es perfecta y podría ser de una pintura del Renacimiento, por su precisión, la composición, con unos pequeños cambios podría estar en el entorno de la pintura religiosa… Igualmente que la fotografía que ilustra las guerras, los éxodos, tienen mucho, casi todo, de la historia de la pintura clásica, y hasta la fotografía deportiva es digna de figurar en los estudios formales de la historia de la pintura y de la composición. Pero eso no quiere decir que sean obras de arte. Igualmente el gusto particular de una persona, sea quien sea, ni el de miles, sean los que sean, definen una obra de arte sin dudas ni cuestionamiento. Por eso aún se discute del valor de Jeff Koons, de Warhol y hasta de Joan Miró. Esa duda, muchas veces excesivamente cercana a la ignorancia y a la intransigencia, consigue a veces invertir la cuestión y que se acepte sin dudas todo lo que aparentemente es nuevo, diferente, radical, revulsivo. Pero tampoco esa radicalidad le otorga el valor de obra de arte. También habría que aceptar que en diferentes culturas las obras de arte son inevitablemente diferentes, pues los valores, el contexto y la intención del artista son, también, inevitablemente diferentes. Para una cuestión de difícil solución, hay que ir, como siempre, a los maestros. Y Marcel Duchamp, del que aún muchos dudan de su carácter de artista y de sus obras, dejó bien claro que una obra de arte es aquello que hace un artista. Para que no le queden dudas a nadie.