“Selma está vigente porque la lucha por la justicia ocurre ahora mismo”, con estas palabras en su discurso de agradecimiento, recogía el Oscar el cantante John Legend, autor de la premiada canción “Glory” por la película Selma de Ava DuVernay. Una película que podemos encontrar ahora en nuestras pantallas y en la que se nos narra cuando el 7 de marzo de 1965, unos 600 manifestantes que habían iniciado una marcha pacífica hacia Montgomery, capital de Alabama, para reafirmar sus derechos electorales, fueron golpeados por la policía. La represión policial de esta marcha denominada Bloody Sunday (domingo sangriento) conmocionó a los Estados Unidos. Tres semanas después, varias decenas de miles de personas lideradas por Martin Luther King realizaron una nueva manifestación hacia la capital del estado de Alabama.
Selma retrata la lucha histórica de Martin Luther King para garantizar el derecho al voto de todos los ciudadanos y la peligrosa y terrorífica campaña que se cerró con una larga marcha desde la ciudad de Selma hasta la de Montgomery, y que llevó al presidente Johnson a firmar la ley sobre el derecho al voto en 1965. Selma es una película contra la injusticia racial que resulta relevante aquí y ahora, precisamente cuando se celebra el 50 aniversario de la célebre marcha, y justo ahora cuando se están viviendo revueltas en Fergusson, en el estado de Missouri; donde se violan rutinariamente los derechos constitucionales de los ciudadanos negros, mediante un uso excesivo de la fuerza.

El cine desde sus orígenes ha mostrado, unas en forma de denuncia otras como panfleto racista, los conflictos raciales. El nacimiento de una nación (1915) de David W. Griffith, al margen de su consideración como obra capital del cine asentando las bases de la sintaxis cinematográfica (primeros planos, fundidos en negro, montaje en paralelo…) no podemos olvidar su marcado racismo y su apología sobre el Ku Klux Klan. Ya en su día originó no pocas controversias, siendo prohibida su exhibición en varios estados; y que propició que su celebrado autor dirigiese Intolerancia (1916) a modo de lavado de imagen. En 1939 llegó Lo que el viento se llevó, adaptación de la novela de Margaret Mitchell, historia cuyo contexto histórico tenía lugar poco antes del inicio de la Guerra Civil, prolongándose durante 10 años. En ella vemos como Hollywood mostraba una plantación esclavista de forma idílica. La anécdota radica en que con este título, se galardonó por primera vez en la historia con un premio Oscar a una persona de raza negra, la actriz Hattie McDaniel, por su papel de Mammy, la criada de Scarlett. McDaniel actuó en unos 300 filmes de los cuales sólo figuró en los créditos de unos 80 títulos. Fallecería en una localidad cercana de Los Ángeles, donde en cuyo cementerio quería ser enterrada, pero no lo permitieron por el color de su piel. En los años 50 aparece todo un referente para la comunidad afroamericana, la figura de Sidney Poitier, especializado en papeles controvertidos y enfrentándose casi siempre a la lucha racial de la época, en títulos ya emblemáticos como En el calor de la noche (1967) de Norman Jewison; Fugitivos (1958) y Adivina quién viene a cenar esta noche (1967) ambas de un director siempre preocupado por el tema humanístico, Stanley Kramer. Un retazo de azul (1965); Todos nos llamamos Ali (1974) de Rainer w. Fassbinder; El color púrpura (1985) y Lincoln (2013) de Steven Spielberg; Arde Mississipi (1988) de Alan Parker; Haz lo que debas (1989) y Malcolm X (1992) ambas de Spike Lee; American History X (1998) de Tony Kalle; Gran Torino (2008) e Invictus (2009) de Clint Eastwood o las últimas Criadas y señoras (2011) de Tate Taylor y 12 años de esclavitud (2013) de Steve McQueen son títulos que de alguna forma, directa o indirectamente, tratan sobre el conflicto racial, un problema que sigue ligado a la ignorancia como muestra esa obra clásica, tanto literaria como cinematográfica, Matar a un ruiseñor (1962) de Robert Mulligan; cuando le dice Atticus (Gregory Peck) a su hija: “Nunca llegarás a comprender a una persona hasta que no veas las cosas desde su punto de vista. Hasta que no logres meterte en su piel y sentirte cómodamente”.

Imagen perteneciente a la película Selma (2014) de Ava DuVernay.