OPINIÓN

Todo es cuestión de números. Nos podemos resumir en nuestras medidas, nuestro peso, nuestros años. Todo se resume en cifras. El porcentaje de público en ARCO ha bajado este año, un 15% menos, sin embargo las transacciones cerradas después de acabada la feria se mantienen en un digno 40%. Cifras que parecen decir mucho pero que realmente dicen muy poco. Se dice que se baja de público, por la crisis claro, pero no se explica que esa bajada de entrada es por el precio a todas luces excesivo que se cobra, y que esa pérdida de público es importante para una feria que siempre ha presumido de ser la más visitada del mundo. Es lo que tiene la estadística y los porcentajes, nunca sabemos sobre qué tipo se hacen, sobre qué marcas se trabaja, cual es el 100% de lo estudiado. Se dan cifras, porcentajes, se habla de miles y de millones, y ahí quedan los números, como muestra de una seriedad irrefutable, y una vacío total de argumentos.


Esos mismos números, ordenados de otra manera y dichos por otras fuentes, no parecen tener tanto impacto cuando lo que se dice es que el número de mujeres que ganan concursos, dirigen museos o trabajan en puestos de responsabilidad es ínfimo. Esos números no parecen interesar demasiado, son cosas de mujeres que se empeñan en recurrir a los números cuando todos sabemos que a ellas se les dan mejor las humanidades que los números. Y es que las cifras también son cosa de hombres, como el coñac.


Las cifras que importan son esas que cada año nos informan de que cada vez los museos tienen más público, un público no sólo fiel sino que se multiplica, no se explica bien cómo, año tras año. Hasta tal punto que el Museo Reina Sofía ya casi tiene los mismos visitantes que el Museo de El Prado, algo inexplicable e increíble si no fuera porque ahí están las cifras como prueba irrefutable ¿o no?


Las cifras es lo que tienen que, aunque no te las creas, da igual, ellas pasan de ti, y de mi y de todos, son firmes en su ensimismamiento. Y no hay más que decir, ellas lo dicen todo. De la misma manera que te dicen que el déficit es un 8,8 y a callar, te dicen que en España se editan miles de libros más que en Francia al año, y no será porque aquí se venden más, ni porque en España se apoye al sector cultural (ni al libro, ni a la biblioteca, ni a la revista, ni a la librería) como en Francia, total sin apoyo ni nada editamos más nosotros, faltaría más.


Pero las cifras tienen esas dos vertientes, y cada cual las puede utilizar como quiera, nombrándolas o callándoselas. Por ejemplo no se dice que en lo que va de año han cerrado veinte revistas culturales en España. Tampoco se habla de la cantidad de revistas que dejan el papel para volverse digitales, de cómo el sector de publicaciones culturales se va debilitando paulatinamente sin solución. Tampoco se dice que cada vez un número mayor de museos y de centros de arte se están convirtiendo en centros de reunión de funcionarios y de contratados, que como no tienen presupuesto para hacer nada sólo tienen que ir al lugar de trabajo y esperar a que ese porcentaje (en algunos casos el 80% de los presupuestos) destinado a sus salarios se libere cada mes convirtiéndose en sus sueldos. Mientras tanto todo el mundo hace porcentajes, de parados, de asistencia a manifestaciones, de estafados por políticos corruptos, de beneficio fraudulento de nuestra querida banca, si esto sigue así pronto estaremos en el nivel de hacer tablas comparativas y de ahí a entender que los números esconden ciertamente la verdad sólo hay un paso. Pero es un paso que va de la ignorancia al conocimiento y entonces las cifras se pueden convertir en auténticas armas. Lo bueno es que las cifras cambian constantemente, como las del Nikkei, Ibex, Nasdak, y cualquier otro índice bursátil, como los del índice de paro, de déficit, de riesgo… Lo que cambia más difícilmente son las ideas y los conceptos, siempre más densos y duraderos… las cifras son volátiles, efímeras y cambiantes ¿a qué nos recuerdan?

Imagen: Gonzalo Puch. Sin título, detalle, 2001. Cortesía del artista