OPINIÓN

La excesiva planificación del tiempo siempre me ha resultado insoportable: hora de acostarse, los viernes a trasnochar, sábado de diversión y domingos aburridos, vacaciones y tiempo de trabajo… es como aquel cuento que cantaba Paco Ibáñez del príncipe malo y el pirata honrado, ¿Por qué no puede haber un lobo que no sea feroz y […]