OPINIÓN

Realmente ARCO es solamente la antesala del Carnaval. Cada año se suceden uno al otro sin quedar claro dónde están los límites precisos de su diferencia. Este año, mientras unos desmontamos el tenderete, el tianguis, el tinglado, otros ya saldrán a la calle disfrazados de cavernícolas, de banqueros, los hombres de mujeres y alguna mujer (no es tan frecuente) de hombre. Pero unos días antes, en ARCO, ya podremos ver a unos disfrazados de galeristas, a otros de coleccionistas y a unos cuantos más de críticos, artistas, directores de museos y a muchos otros simplemente de sí mismos, que ya es bastante. Ya dijo Antonio Machado que España es un país de charanga y pandereta, es decir, de fiesta de baja calidad, mucho ruido y poco gasto. En este sentido ARCO podría no ser español, por el gasto digo: según los datos al cierre de la edición del pasado año, hubo más de 100.000 visitantes (suponemos que son los que pagan y que son datos de taquilla, por 20 euros por cabeza un total de dos millones de euros), y unos 30.000 visitantes profesionales, entre coleccionistas, críticos y personal de museo… Vamos, que somos legión. 30.000 personas adultas y entendidas supuestamente en el tema son suficientes para cambiar el gusto, crear tendencia, consumirla y barrer a su paso con todo lo que haga falta. Pero nada de eso pasó. A mí me parecen demasiados miles, le quitaría por lo menos 20.000 y aún me parecerían muchos. Pero es que aquí somos así, un poco exagerados. Y es que a ARCO le pasa lo que a los museos, que son públicos, es decir, mantenidos con dinero de todos nosotros y las cifras tienen que ser siempre un éxito para justificar gastos, porque recordemos que mientras otras ferias son de empresas privadas, ARCO sigue siendo una feria pagada con dinero procedente de diversas fuentes públicas. Por esto resulta más curioso que en esta feria se realicen ciertas exclusiones y ciertas aceptaciones de galerías sin una justificación muy clara. Sí, ya sé, el comité seleccionador (un conjunto de galerías que deciden sobre sus iguales, algunas de otros países que no se suelen enterar de mucho) obra limpiamente. Porque esa es otra: en mi país, España, la Justicia es igual para todos, como está quedando claro últimamente. Nadie se tiene que preocupar por nada.

Los únicos datos económicos que ARCO hace públicos son su presupuesto de 4,5 millones de euros, de los que destina 1,5 a promoción internacional (aquí no hay que contar publicidad en prensa especializada, pues toda es por intercambio con un espacio en la feria) y que casi ¾ partes de este presupuesto se recupera solo con lo recaudado en entradas (cálculo aproximado hecho por uno de esos 30.000 profesionales que visitan ARCO). Todo lo demás se supone, como el honor a una doncella y el valor a un soldado, así que ustedes mismos.

Durante años se especuló con que determinadas galerías venían porque les salía gratis la estancia y el stand, se habló de que a los coleccionistas si no se les invitaba no venían… y un largo etcétera de rumores, sin duda falsos. Pero España, este país mío, es así: proclive al rumor y a la maledicencia, a la envidia y al mal de ojo. Este año una vez más las expectativas son bajas, la crisis nos sobrevela como una nube de smog que nunca se disipa y aquí los llamados coleccionistas apenas son un puñado, el resto paseará por la inauguración, los días destinados a los profesionales, riendo y bebiendo champan (más bien cava, por cierto) y sin mirar nada en concreto y por supuesto sin comprar, y si compran… sin pagar porque aquí se paga en diferido, después, después… meses o años o incluso puede que lo devuelvan sin pagar y no me agobies. En España, durante todo el año las galerías venden poco o nada (ARCO supone, si va bien la cosa, el único momento bueno de la temporada), los artistas no pueden vivir de su trabajo como artistas y la media no embolsa ni 8.000 euros al año de su actividad como artista, el mundo del dinero no existe en el sector cultural más que con un poco de calderilla dada en forma de limosnas; y el público, la inmensa mayoría de esos 100.000 que pagan por ir a ARCO a comer un bocadillo, pasearse por ese salón tan sofisticado y sentirse al día, cultos y ”uno de los nuestros”, no vuelven a pisar una galería, y muchos tampoco un museo, en todo el año. Por supuesto ni compran ni leen una revista ni un catálogo. Con Arco tienen suficiente arte para todo el año, aunque en su mayoría paseen por los pasillos sin mirar nada y hablando entre ellos. Es como el tema de los disfraces: sólo te disfrazas en Carnaval. Una vez que acaba el carnaval “vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas” (Antonio Machado). Todo pasó, los feriantes nos vamos con nuestros cuadros, revistas, con nuestras ilusiones a casa, o de feria en feria. Hasta el próximo febrero que, con permiso del comité seleccionador y de la dirección de la feria, y tal vez de alguien más en la sombra, unos volverán a disfrazarse y otros no. Es el Carnaval del arte, pasen y diviértanse, y mucho cuidado con el arte y con las ideas, que a veces manchan.