Las razones que se dan en el acta del jurado (“por su trayectoria profesional, por el carácter híbrido de su creación, su búsqueda constante de diversos medios de expresión, y el variado uso de materiales y técnicas”) son sólo una anécdota que nos acerca a la periferia de la obra de una artista inabarcable en su profundidad y en su forma de narrar. Carmen Calvo (Valencia, 1950) ha desarrollado en un trabajo infinito, una sensibilidad que va de la poesía lírica a la violencia del grito, con formas y técnicas que van desde la pintura pura o el dibujo hasta la instalación, el uso manipulado de la fotografía y una hibridación técnica que solamente es la forma de buscar el lenguaje adecuado a las historias de olvido y recuerdo de violencia soterrada y de esa forma de silencio forzado de generaciones de mujeres. Carmen Calvo ya representó a España en la Bienal de Venecia, y ha expuesto en el Reina Sofía en 2003, pero sigue siendo poco comprendida, poco expuesta y menos reconocida en un país que necesita que pase el tiempo, mucho tiempo, demasiado, para reconocer a sus mejores representantes.