VÍDEO

Una de las exposiciones más esperadas del año es la que se inauguró ayer en el Museo Guggenheim de Bilbao. La dedicada al que es considerado como uno de los artistas más influyentes de la generación que trabaja con nuevos medios electrónicos audiovisuales: Bill Viola. Un hombre preocupado por las experiencias y preguntas vitales de la condición humana, como el nacimiento, la muerte o la consciencia y que resuelve sus propias dudas a través de videoinstalaciones, ambientes auditivos o performances. Una de las experiencias que marcó su vida y, por ende, su obra fue la vivida en su infancia cuando estuvo a punto de morir ahogado en un lago, algo que después se ha visto como referencia en numerosas piezas. Viola vivió en la década de los 70 el asentamiento del videoarte y el proceso de búsqueda para establecerse como forma artística autónoma, por tanto desde un principio estuvo influencia por figuras como Bruce Nauman, Peter Campus, Vito Acconci, Nam June Paik, Joseph Beuys, Wolf Vostell, Frank Gillette, Ira Zinder y Juan Downey. A muchos de ellos los conoció entre 1974 y 1976 durante su etapa como director técnico en Art/Tapes/22, videoestudio pionero en Florencia. El trabajo de Viola dio un giro en los años 80 con el descubrimiento del budismo, el sufismo, el pensamiento zen y los místicos cristianos, virando ya sus obras a un plano muy espiritual, algo que le permitió viajar por todo el mundo y que originó piezas como Chott El-Djerid Hatsu Yume. Durante años trabajó de manera incansable hasta que en 2003 presentó una sus obras más reconocidas, La pasión, inspirada en las tradiciones renacentistas y que se grabó con un slow motion, su interés en la pintura del Renacimiento fue fruto de la muerte de su madre, algo que también lo acercó más al plano espiritual.

Ahora el Museo Guggenheim expone gran parte de su obra con la retrospectiva que podrá visitarse hasta noviembre. Por ello, rescatamos el documental sobre el artista que emitió Metrópolis de RTVE.