El jurado, presidido por el director Darren Aranofsky ha otorgado el Oso de Oro a la Mejor Película, a la iraní Taxi del confinado cineasta Jafar Panahi, en esta 64º edición de la Berlinale, con buena cosecha de títulos de habla hispana y cine comprometido con la realidad. En Taxi, pasajeros muy diversos expresan abiertamente su opinión mientras son entrevistados por el conductor que no es otro que el director del film, Jafar Panahi. Su cámara, colocada en el salpicadero del vehículo, captura el espíritu de la sociedad iraní a través de este viaje. Panahi empezó como ayudante de dirección de una de las grandes figuras de su país, Abbas Kiarostami; siendo uno de los mayores artífices de la vitalidad del cine iraní en los últimos 20 años, y presente en los grandes festivales del mundo desde su irrupción en 1995 con El globo blanco. En 2009 se le imputó el delito de actuar contra la seguridad nacional y hacer propaganda contra el estado, por lo que se le retiró el pasaporte y se le prohibió abandonar el país. Su victoria se suma a anteriores galardones en el festival berlinés tras el premio del jurado Oso de Plata en 2006 por Fuera de juego y el de mejor guión el mismo año pasado por Cortina cerrada; tras los sucesivos pases de prensa de Taxi ya se hablaba de la cinta iraní como posible vencedora por lo que el máximo premio de este año valora no sólo sus cualidades cinematográficas sino también viene a ser un reconocimiento a la libertad artística. El Gran Premio del Jurado, Oso de Plata es para el chileno Pablo Larraín por su película El club, película que dotada de una maravillosa atmósfera se adentra en el refugio de un pequeño grupo de sacerdotes pederastas, apartados por la Iglesia para purgar sus pecados. De nacionalidad también chilena, el documentalista Patricio Guzmán con El botón de nácar se lleva el premio a mejor guión, por su metáfora sobre el agua como hilo conductor dando voz desde los indígenas patagones hasta la dictadura de Pinochet. El drama 45 años de Andrew Haigh, hace doblete y sus otoñales intérpretes se alzan con los premios a Mejor Actriz y Mejor Actor, para Charlotte Rampling y Tom Courtenay respectivamente. Si hasta ahora el palmarés había sido aplaudido por gran parte de la crítica, las discrepancias llegaron con la concesión ex-aequo en la categoría de mejor director a la polaca Malgorzata Szumoska por Body y al rumano Radu Jude por Aferim!. El primer título es una reflexión oscura y divertida de lo que significa estar vivo y cómo lidiamos a veces con la pérdida de un ser querido, el segundo viene a ser una especie de respuesta, versión rumana, de 12 años de esclavitud. Para el resto de películas presentadas, nos quedamos con los halagos que ha recibido la española Laia Costa, protagonista absoluta de la cinta experimental -140 minutos de plano secuencia- Victoria del alemán Sebastián Schipper, o la nueva aventura del extravagante Peter Greenaway por su biopic anti-convencional del cineasta ruso Sergei Eisenstein en su periplo de exiliado por México en Eisentein in Guanajato; no tan buena acogida a recibido Isabel Coixet con su último título presentado, Nadie quiere la noche, protagonizado por Juliette Binoche. Tampoco han convencido los títulos presentados por los grandes Terrence Malick, Werner Herzog o Wim Wenders; el primero por su cansina y repetitiva obsesión por los bellos planos vacíos de contenido en Knight of Cups, el segundo por recrear una especie de Lawrence de Arabia versión femenina con la operada Nicole Kidman como heroína en Queen of the Desert y el tercero por aburrir hasta a las plantas con Every this Will Be Fire. Quedamos a la espera de que gran parte de los títulos presentados puedan llegar en condiciones dignas de exhibición a nuestras salas y opinar por nosotros mismos.

Imagen: Fotograma de 45 años, de Andrew High.