Sus perritos y brillantes esculturas son icónicas de su trabajo, al igual que sus piezas metalizadas que parecen globos inflados con formas de animales. Amado y odiado a partes iguales, Jeff Koons (Pensilvania, 1955) es, sin duda, uno de los artistas más conocidos por todo el mundo, reconocible e identificable. Su Puppy es una de las atracciones del Museo Guggenheim de Bilbao, y ahora es aquí, precisamente, donde se celebra una gran retrospectiva de su trabajo tras pasar por el Whitney y el Pompidou. En torno a un centenar de piezas de sus diferentes etapas creativas permiten recorrer la trayectoria de este artista y el alcance de su trabajo, que constituye una reafirmación personal del propio autor.

La exposición comienza con las primeras obras de un joven Jeff Koons, que en 1976 se instala en Nueva York y empieza a desarrollar esculturas que reflejan la vida de la ciudad. Están aquí sus Hinchables (Inflatables), objetos de vinilo comprados en bazares, así como obras a modo de readymades que utilizan objetos cotidianos como aspiradoras o enceradoras, encapsuladas en vitrinas de metacrilato. En 1985, tras su primera exposición individual, Koons aborda el tema del equilibrio personal y social; se presentan aquí objetos escultóricos en bronce como Bote salvavidas (Lifeboat) y Chaleco de buceo Aqualung. Entre las distintas obras que se muestran no falta, por supuesto, las versiones del monumental cachorro Puppy y otras con siluetas infantiles de animales, con coloridas superficies.

Jeff Koons y su particular mirada sobre la realidad se basa en la estética de consumo, en elementos de nuestra cotidianeidad y busca mostrar la belleza de todo lo que nos rodea. Esta exposición hace un recorrido por todo su trabajo, de manera completa, y nos permite ver la evolución del trabajo de Koons. (Jeff Koons. Una retrospectiva, Museo Guggenheim, Bilbao. Del 9 de junio al 27 de septiembre de 2015).


Imagen: Jeff Koons. Antigüedad 3 (Antiquity 3), 2009-2011.