La obra del vasco Rafael Ruiz Balerdi pasó por muchas etapas durante su proceso de creación. Comenzó con unos inicios figurativos de paisajes y retratos, posteriormente –tras conocer a Eduardo Chillida–, conoció los lenguajes de la vanguardia internacional y empezó a desarrollar una producción que estaba ampliamente influida por el Cubismo y el Espacialismo; a finales de los años 50 se topó con las pinturas negras de Goya y con la Abstracción Lírica europea, ambos descubrimientos le llevó a pintar una obra más poética y refinada. A partir de 1960 fue cuando se abrió camino hacia el radical informalismo que supuso el núcleo central de su trabajo. Ahora la sala Kubo Kutxa de San Sebastián acoge una exposición dedicada a este a artista comisariada por Javier Viar Olloqui y que podrá verse hasta el 24 de junio. La muestra explora el trabajo del artista con una revisión de su obra, de su faceta como dibujante, la etapa en la que se dedicó a intervenciones ciudadanas reivindicativas y los ocho años en los que pintaba con tizas de pastel el papel de embalar.

La experiencia del informalismo la vivió durante más de 10 años, y para él consistía en una constante búsqueda de una forma que se construyera sobre los rasgos gestuales con sucesivas y extenuantes intervenciones. Así pues, durante esta etapa, la obra de Balerdi discurrió por dos caminos paralelos pero a la vez sucesivos: la continnuidad del informalismo de gesto y mancha y, por otro lado, el de la realización de formas cristalizadas en las que superpone en una misma obra a la inicial intervención espontánea. La pintura de Balerdi se basó, principalmente, en la creación de imágenes con una mirada profunda desde su diversidad y con una gran potencia de color.

(Balerdi (1934-1992) en Sala Kubo-Kutxa, San Sebastián. Desde el 9 de junio hasta el 24 de septiembre de 2017)