Alberto Sánchez Balmisa

El Palacio de Velázquez de Madrid acoge desde hoy una retrospectiva del trabajo del artista austriaco Heimo Zobernig (Mauthen, 1958). La muestra, comisariada por Jürgen Bock, reconstruye la trayectoria del creador desde sus inicios en los años ochenta hasta el presente más inmediato, representado por tres obras desarrolladas de forma específica para esta exposición.

Un recorrido que nos lleva desde el vídeo a la instalación, pasando por la escultura, la pintura, la arquitectura o el teatro, disciplina esta última en la que el artista se formó en su época más temprana pero que sin embargo no ha dejado de influenciar su obra, como se observa en muchos de sus trabajos, que desmontan irónicamente las auráticas puestas en escena del arte mediante el empleo de materiales habituales como el cartón y diversos objetos cotidianos como mesas de bar, espejos, telas o moquetas.

Con Zobernig, el hecho artístico baja de su pedestal para mostrarse ante el espectador como una máquina reproductora de una serie de comportamientos y procesos estandarizados y convencionales que se perpetúan en un bucle sin fin, como bien demuestran algunas de las obras de esta exposición, en las que los propios dispositivos y soportes del arte (bastidores y lienzos, pero también los peines de un almacén de obras de arte anónimo) se repliegan sobre sí mismos hasta conformar esculturas-jaulas que demuestran la paradoja sobre la que se asienta una buena parte de la producción artística contemporánea. Hasta el 15 de abril de 2013.

Imagen: Vista de la exposición de Heimo Zobernig en el Palacio de Velázquez de Madrid. Foto: Joaquín Cortés.