El Museo Guggenheim de Bilbao expone Francis Bacon: de Picasso a Velázquez, una muestra de 50 de las obras más relevantes del artista irlandés a las que se suman una treintena de cuadros de otros maestros clásicos y modernos que influyeron en la carrera de Bacon. La exposición profundiza en la manera en la que la cultura española y francesa influyeron en su obra, como el arte español de grandes maestros como Velázquez. Uno de los artistas que marcó su obra fue Picasso, la carrera de Francis Bacon comenzó tras visitar la exposición Cent dessins par Picasso en la galería Paul Rosenberg. Otras de las grandes influencias del pintor fueron escritores como Racine, Balzac, Baudelaire o Prost y artistas como Manet, Degas, Gauguin, Van Gogh, Seurat o Matisse, todos ellos establecidos en Francia en algún momento de su vida. Esta exposición muestra cómo ambos países influyeron en su obra y en su manera de entender el arte. Si es cierto que Pablo Picasso fue un referente para Bacon, sólo hace falta fijarse en el cuadro Retrato de Inocencio X de Velázquez para saberlo. Bacon interpretó este cuadro en diferentes ocasiones, plasmándolo en más de 50 ocasiones. A Picasso y Velázquez se suman Zurbarán, el Greco o Goya, que se encontraban entre los artistas que marcaron la tendencia en el trabajo de Bacon y que este pudo admirar en el Museo del Prado.

“Picasso abrió la puerta a todos esos sistemas nuevos. Yo he tratado de poner mi pie en esa puerta abierta, para que no se cerrara. Picasso pertenece a ese linaje de genios del que forman parte Rembrandt, Miguel Ángel, Van Gogh y, sobre todo, Velázquez”. Con estas palabras, Bacon afirma la importancia que el artista malagueño supuso para su obra, al que ya con 17 años admiraba. La obra Composición (1933) es un claro ejemplo de este hecho. El primer periodo artístico de Bacon es un claro ejemplo de la influencia del Cubismo Analítico y Sintético o del Surrealismo de Picasso y que Bacon reinterpreta creando un lenguaje propio. Tal fue el caso, que en el año 1933 se enfrentaron la obra de Picasso (Bañista) con la de Bacon (Crucifixión) en la publicación que hizo el crítico Herbert Read (Art Now: An Introduction to the Theory of Modern Painting and Sculpture). Tras la Segunda Guerra Mundial, la obra de Bacon se oscurece, creando figuras alargadas, incluso deformes, enjauladas en habitaciones invisibles, desdibujando el límite entre lo natural y lo animal. Es en este periodo donde en su trabajo se refleja la influencia de pintores como Giacometti, El Greco o Van Gogh. Este último se hace visible en la pincelada suelta o en los colores encendidos de la paleta del irlandés. Pero es en los años cuarenta cuando la figura de Velázquez se cruza en el camino del pintor, convirtiéndose en uno de sus mayores referentes, visible en su reinterpretación del Papa Inocencio o de la Crucifixión. Roden en el trato del desnudo, Goya y la tauromaquia, la pincelada de Zurbarán, incluso la poesía de Lorca son, también, parte de las influencias a las que sucumbió el artista y que ahora pueden verse en el Museo Guggenheim de Bilbao. Y es que no es de extrañar que conociera y admirara la obra de los artistas españoles, pues Bacon vivió y murió (1992) a escasa distancia del Museo del Prado, lugar en el que conoció a los grandes pintores españoles.

(Francis Bacon: de Picasso a Velázquez en el Museo Guggenheim de Bilbao, España. Desde el 30 de septiembre al 8 de enero)