No hace falta presentar a Abraham Cruzvillegas (Mexico City, 1968) pero quizás sí explicar un poco la “autoconstrucción” que ha tenido él mismo y que sigue teniendo al unísono con su entorno a lo largo de los últimos diez años. La arquitectura funcional que se improvisa en el Ajusco, al sur de la Ciudad de México, (y en gran parte del país), le ha servido no sólo de inspiración metodológica y conceptual, sino que también ha sido una analogía constante en su carrera artística que ha terminado por diluirse con su propia identidad.

Abraham crea sus obras con materiales y técnicas que lo han acompañado a lo largo de su vida, que él mismo ha visto mutar poco a poco, con el paso de los años. Cuando las condiciones económicas se lo permiten a las personas de la comunidad, se producen adaptaciones, siempre y cuando haya material disponible y de acuerdo a lo que dictan las circunstancias y las necesidades. Esta comunidad, que pudo haber sido cualquier otra, representa a todo un país en donde la clase baja es mayoría, y por ello sus obras van cargadas de un mensaje político, abstracto y tácito.
La exposición incluye esculturas e instalaciones, así como registros de sus experimentos recientes con imagen en movimiento y de eventos en vivo. Se trata de la primera gran muestra que aborda la visión y práctica multidisciplinaria de este artista. (Autoconstrucción, Abraham Cruzvillegas, Museo Jumex, Ciudad de México, del 14 de noviembre de 2014 al 8 de febrero de 2015).


Imagen: Abraham Cruzvillegas. Objecto útil pero bonito, 1992.