Egipto vive inmerso en un proceso de cambio político desde que se iniciaran, el pasado diciembre, las revueltas en el mundo árabe como consecuencia del acto extremo de desesperación que llevó al joven Mohamed Buaziri a prenderse fuego. En todo este proceso de cambio el arte ha tomado las calles, así como lo han hecho los jóvenes egipcios para protestar y denunciar los crímenes y las injusticias que han asolado su país. Desde el pasado mes de enero puede verse en la plaza Tahrir de El Cairo, pero también en otras muchas ubicaciones de la ciudad o en otros lugares como Trípoli, Túnez, Gaza o Ammán, pintadas, grafitis y murales llevados a cabo por ciudadanos y artistas como Mohamed Fahmy (Ganzeer), uno de los creadores que inició los llamados Murales de los mártires con los que día tras día, y a pesar de que estas obras se borran de forma casi tan instantánea como se pintan, se recuerda a todos los que murieron como consecuencia del intento de Mubarak de aplastar las revueltas: 850 fallecidos y casi 7.000 heridos. La interacción de arte y política no es desconocida en un país de una tradición y una riqueza cultural como es Egipto al que no deberíamos recordar sólo por su pasado sino por el activismo llevado a cabo casi en la sombra por artistas que, durante la dictadura de Mubarak, expresaron su desaliento con sus obras como, entre otros, el pintor Mohamed Abla. Con las revueltas políticas el arte ha tomado abiertamente las calles y la palabra y los que antes guardaban silencio ahora inundan la ciudad con sus voces. Algunos como el artista multimedia Ahmed Bassiouny, ahora en la Bienal de Venecia, cayeron en el intento mientras que otros como Ganzeer, Hany Rashed o los fotógrafos Alaa Taher o Basem Samir continúan perseverando. Mientras en Los Ángeles se debate si el street art debe entrar o no en los museos, en Egipto el arte toma las calles.