OPINIÓN

Hace años que venimos hablando de la débil presencia del arte español fuera de nuestras fronteras. De hecho, esta debilidad fue lo que llevó a la creación del IAC (Instituto de Arte Contemporáneo), que en este tiempo se ha convertido en una asociación que las instituciones aceptan como interlocutora a la hora de representar al sector del arte contemporáneo, si bien el número de asociados es bastante poco significativo en un momento en el que las redes sociales reúnen a miles de “amigos” y/o fans en torno a personas, eventos, personajes y personajillos, reales o inventados. En el origen del IAC subyacía, en aquellas primeras reuniones en IFEMA, la necesidad de que el arte español fuera tomado en serio como algo colectivo, como una expresión de una sociedad, con un grupo sectorial formado por muchos y variados miembros, con un nivel profesional alto y con una responsabilidad absoluta de cada uno de sus miembros.


Han pasado años de esto y, en el momento actual, poco o nada ha cambiado en la percepción que del arte español se tiene fuera de España. Sin duda a nivel individual, como siempre ha sucedido por otra parte, hay personas o firmas que son conocidas y respetadas, pero el arte español sigue siendo no sólo un desconocido sino, sobre todo, sigue estando muy poco y muy mal presentado fuera de nuestro propio país. Claro que dentro tampoco es que las cosas sean excelentes y el conocimiento que de nuestros artistas actuales se tiene en el propio sector no es gran cosa. Y posiblemente esto sea parte del origen del mal. La forma de presentarnos fuera tiene mucho que ver con los modos de comportarnos dentro, y que cada uno lo lea como quiera, pero como dirían los viejos, donde no hay no se puede encontrar.


La realidad es que esta semana Europa tiene abiertos varios e importantes frentes en los que el arte español está incluido, pero ciertamente no brilla. Está fragmentariamente, escasamente representado. Por una parte la Bienal de Venecia, con un pabellón que pretende ser el más moderno y se convierte en el más confuso, pero eso da igual. Ese no es el problema, el artista elegido tiene el derecho de mostrar su trabajo, de ser como es y quien es, y cada uno puede tener su opinión, pero eso entra dentro de los baremos de gustos y afinidades. Pero surgen curiosidades, como por ejemplo, quién es ese Ángel Vergara que ha elegido Luc Tuymans para el pabellón de Bélgica y que aquí no parece conocer nadie. Es un artista español que vive fuera y que consigue llegar a Venecia por vía oblicua. Nadie ha dicho nada de él. Resulta, por lo menos, significativo.


Por otra parte, la feria Art Basel, que ya sabemos que es la madre y el padre de todas las ferias. Un club cada vez más privado donde pocas son, cada vez menos por cierto, las galerías españolas presentes. En el tumulto de ferias paralelas tampoco parece que la presencia de nuestras galerías sea muy importante. Sin embargo, los turistas y visitantes españoles (que no coleccionistas) serán tan abundantes como siempre. Y esa es la regla en nuestra presencia exterior, mucho ruido y pocas nueces.


Es cierto que el extinto SEACEX, hoy reconvertido en AC/E, ha trabajado mucho y algo ha conseguido, pero mucho debe cambiar para que nuestros productos sólo interesen si van pagados. No se ven exposiciones de artistas españoles en museos europeos, no se conforman muestras ni ciclos de acercamiento al arte actual español del tipo de los que se han visto aquí y en todas partes sobre el arte suizo, mexicano, canadiense o norteamericano. Por edades, sectores o tendencias, pero organizados a petición de instituciones extranjeras. Lo esencial sería hacer que los demás se interesaran por lo que hacemos, no sólo por lo que decimos. Conseguir que tanto artistas como críticos o comisarios, galerías y revistas, fueran tenidos en cuenta en todas partes y para eso hace falta sobre todo una imagen de país fuerte, de sector serio, cohesionado y activo, no enfrentado, enfadado y deshilachado como la que hoy en día ofrecemos. Haría falta ser una sociedad artística de verdad.

Ángel Vergara. Fotogramas de El callejero, 2006. Cortesía del artista