Este verano la proliferación de guerras y desastres de todo tipo ha dado dos noticias complementarias pero que son una buena muestra de los problemas de las obras de arte en permanente tránsito por el mundo. Los tesoros patrimoniales de Crimea, agrupados para la exposición El Oro de Crimea se ha visto retenida en Holanda, país al que había llegado la muestra antes de la anexión de Crimea por Rusia. Este tesoro milenario expuesto en el Museo Arqueológico Allard Pierson de la Universidad de Amsterdam no va a ser devuelto por el momento y, al finalizar la exposición el 31 de agosto, todo el contenido de la muestra será retenido provisionalmente a la espera de algún acuerdo que aclare las pretensiones de cuatro museos de la península de Ucrania y por otro de Kiev, pues tanto el Ministerio de Cultura de Ucrania como los representantes de la Crimea anexionada reclaman las valiosas piezas, pero los holandeses, ya curtidos en estos temas, prefieren no pillarse los dedos y esperar una decisión de un árbitro internacional. Sin embargo, lo que si regresa, finamente, a Colombia es el alijo de más de 690 piezas de arte precolombino que fueron incautadas en Madrid en 2003, como fruto colateral de la paralización de un alijo de contrabando donde se mezclaban temas de blanqueo de capital con tráfico de drogas. Finalmente estas piezas de un gran valor artístico e histórico viajaran al Instituto Colombiano de Antropología e Historia. Las piezas devueltas cubren un periodo histórico que va desde el año 1600 antes de Cristo hasta el siglo VII. Es lo que pasa en los viajes, que unos van y otros vuelven, y algunos, por el camino se entretienen.