OPINIÓN

Este agosto parece que no es un agosto cualquiera. Nos asomamos, buena parte de Europa y los Estados Unidos, a la bancarrota mientras el resto mira asombrado. Pero mientras tanto la vida sigue, y si unos se tuestan en las playas o viajan a lugares exóticos, otros se dedican a hacer balances y sacar estadísticas. A hablar de dinero, para ser más exactos. Y así se pone sobre la mesa nuevamente que las crisis económicas son estupendas para la especulación, y, claro, la especulación en arte hace que suban los mercados y los precios.
Los que lean esta web en todas sus secciones ya habrán leído en Mercado que la casa de subastas Sotheby’s ha aumentado sus ventas en este aciago año de 2011 en un 54%, ni más ni menos, lo que supone un alza de más de 130 millones de euros que el año pasado sólo en lo que va de año. Según su director, el mercado chino es un agente esencial en esta subida, pero también es cierto que en sus cuatro puntos de venta, incluyendo Europa y Estados Unidos las ventas han subido y menciona como unas de las subastas con mayor éxito algunas realizadas en Londres, de arte contemporáneo e impresionista donde Cityspace Hauser mit bunter Waesche de Egon Schiele alcanzó los 40 millones de dólares. No es nada nuevo saber que mientras unos no pueden llegar a fin de mes, los que realmente tienen dinero siguen comprando joyas y arte. El que sea una perversión de la intención del artista transformando su creación, a veces revolucionaria o transgresora, casi siempre realizada como un grito de socorro o protesta, en objeto de especulación no es nada nuevo ni ya parece impresionar a nadie. Lo que tal vez sea más novedoso es que los más ricos, es decir los más conservadores, consideren el arte contemporáneo como un valor seguro. Esto debería dar que pensar a los jóvenes compradores y aficionados al arte, e incluso a las galerías de arte. Lo que hoy cuesta relativamente poco en unos años puede multiplicar su valor (en mercado) más que un coche de lujo, por ejemplo.
Claro que también es cierto algo que me decía un antiguo amigo ya fallecido vendedor de arte: se gana más vendiendo algo caro que algo barato. Es decir, si se compra un cuadro que cuesta 50.000 euros es más fácil venderlo por 60.000 en un mes, ganando 10.000 euros en unos días, que si se compra otro de 5.000, que tardará años en revalorizarse lo suficiente como para ganar lo suficiente por el trabajo. Como siempre, dinero llama a dinero.

Así las cosas, los mercados muestran como siempre su cara más fea, la de la especulación. Da igual que sea arte, medicinas o comida, lo importante es el beneficio. Para nosotros, por suerte para nuestras conciencias y por desgracia para nuestra supervivencia cotidiana, lo importante son otras cosas y seguimos impresionados de lo voraz de un mercado que no entiende nada más que de dinero. Y en verano eso se nota más, porque es en este tiempo de calor cuando la muerte aparece en su plenitud, y fallecen artistas continuamente. Hace poco fue Lucien Freud del que se calcula que en la próxima subasta en que entraran sus obras estas pueden alcanzar los 30 millones de libras, el doble de lo que ya estaba pagando en vida. Y es que la muerte es la mayor inversora y especuladora en este comercio desalmado. La crisis y la muerte son los dos grandes elementos de revalorización. Dentro de poco Roman Opalka, fallecido la pasada semana, se venderá más y más caro… Aquellos que en su día compraron sus obras solamente porque les gustaba, ahorraron y pudieron comprar una pieza, esos seguramente no la venderán ni por el doble de lo que pagaron. Tal vez cuando ellos mueran sus hijos entenderán mejor el mercado y sabrán más de dinero y menos de arte.
Foto Shaun Curry – AFP