Parte investigación documental, parte expedición arqueológica y parte montaje expositivo, Dodo comenzó con el descubrimiento de material inédito de la película Catch-22 (1970) en los sótanos de Paramount Pictures. Ese hallazgo dio pie a los artistas Adam Broomberg y Oliver Chanarin (ganadores en 2013 del prestigioso Deutsche Börse Photography Prize por el libro War Primer 2 ) a iniciar las pesquisas que les llevaron a San Carlos, en la costa del Mar de Cortés. Hasta el año 1968 ese pueblo casi ni estaba en los anales, pero el gran parecido que guardaba con Pianosa, la diminuta isla siciliana donde se desarrollaba la novela satírica sobre la Segunda Guerra Mundial Catch-22, de Joseph Heller, la convertía en la localización perfecta para filmar la versión hollywoodiense. Ese acontecimiento concreto fue decisivo en el devenir del pueblo de San Carlos y su paisaje. Broomberg y Chanarin reeditan el material de la película y crean un documental sobre la naturaleza en el México de 1968 – evidencia de un paisaje prístino que ha dejado de existir–. Pero es que en curso de sus investigaciones descubren que uno de los dieciocho aviones que participaron en la película –la flota más grande de B-25 reunida después de la Segunda Guerra Mundial– había sido enterrado en el set de rodaje. Y aquí entra un equipo de arqueólogos de la Universidad Nacional Autónoma de México que monta una expedición con los artistas para exhumar el llamado “avión mexicano”… Pero esa es otra historia; para saber lo que pasó, vayan a la expo. (Galería Jumex, Fundación Jumex Arte Contemporáneo , México D.F. Dodo, del 5 de julio al 19 de octubre).

Imagen: Adam Broomberg y Oliver Chanarin. Imagen de la pista de aterrizaje en Guaymas, México, 1969.