Berlín al rojo vivo. La capital alemana convertida, gracias a las aportaciones de los artistas participantes en esta séptima edición de la Bienal alemana, en el epicentro del arte político. Una tendencia y un pauta imperante en este evento que se veía venir, no sólo por la situación de descontento global generalizada, sino por la elección de un comisario, el artista ruso Artur Zmijewski conocido por pedir a antiguas víctimas del holocausto que se tatuaran su número de prisioneros, considerablemente crítico con su entorno. De este modo Berlín será hasta el 1 de julio, una visita ineludible para conocer la reflexión que han realizado los artistas seleccionados, sobre todo del Este de Europa, sobre problemas y situaciones de rabiosa actualidad como la revolución en Egipto, la toma de diversos espacios públicos por los indignados en distintas capitales mundiales, la compra de armamento en Alemania por orden de Angela Merkel, la causa palestina o el narcotráfico entre otros muchos asuntos. Repartidos por diversas instituciones, desde centros como el KW Institute hasta iglesias o salas de conciertos; Berlín está más activo que nunca desde todos los puntos de vista y se alza, como reza una de las obras de la Bienal, no como sala de exposiciones sino como espacio para la acción individual y colectiva.