Poco ha podido disfrutar el alemán Frei Otto (1925-2015) del máximo reconocimiento en arquitectura, el Premio Pritzker, que esta semana le entregaba el comité. Fallecía el lunes, aunque sí pudo conocer, antes de marcharse definitivamente que sus obras ligeras, abiertas a la naturaleza, han sido reconocidas en su más alto galardón. Se han valorado sus ideas visionarias en relación a los recursos, de los que siempre se preocupaba por equilibrar y armonizar de la mejor forma. Famoso por sus mallas y sistemas de construcción de bajo peso, son obras suyas el Pabellón Alemán para la Exposición Universal de Montreal (1967), el Estadio Olímpico de Múnich (1972), o el Multihalle de Mannheim (1975), entre otros. En la edición anterior del premio, se le entregó el reconocimiento al japonés Shigeru Ban, arquitecto del Centro Pompidou de Metz. La ceremonia de entrega del premio en 2015, el próximo mes de mayo, tendrá sin duda una gran ausencia, la de Frei Otto, que se marchó a los 90 años, no sin antes vivir el reconocimiento merecido a su trabajo.


Imagen: Imagen de la cubierta del Estadio Olímpico de Múnich, obra de Otto, 1972.