OPINIÓN

No podremos estar en todas las fiestas que se celebren en el futuro. Esta frase, convertida en lo que hoy se conoce como “trending topic” de una cultura que ya pertenece a los mayores de 50 años, me pareció siempre una de las más tristes frases. Un haiku ejemplar, un cuento como el del dinosaurio que seguía estando allí, de Monterroso. Es también el título de una de las canciones emblemáticas de la Velvet Underground, lo que la convierte casi en un himno generacional, como el Satisfaction de los Rolling Stones. Símbolos de una época que como todas las que ya pertenecen más al pasado que al presente se transforman en tristes, incluso decadentes, un tanto fantasmagóricas. Efectivamente las fiestas del futuro serán para otros, ya no nos pertenecen. También serán otro tipo de fiestas, posiblemente no nos parezcan divertidas. Tal vez las nuestras tampoco lo fueron para los que no pudieron participar en ellas. Sin embargo todos creemos que nuestras experiencias, nuestras vivencias, han marcado el trascurso del mundo, de la cultura. Bueno, tal vez lo hayan hecho un poco, pero ni más ni menos que las de otros tiempos. Cierto es también que hoy se ve lo que sucedía hace 40 años como si hubiera estado protagonizado por tribus primitivas, en épocas pretéritas. Pero no es así, es la velocidad de una sociedad que exige nuevos productos, nuevos mitos y nuevos ritos, que se suceden y se devoran unos a otros sistemáticamente como un Laocoonte voraz, favorecen esa especie de autodestrucción cultural, de esa falta de aprovechamiento de la inteligencia y la experiencia de los otros. Sólo quedan algunos supervivientes que caminan sobre las aguas del tiempo, los Rolling tal vez sean unos, otro sin duda es Leonard Cohen, quien en un fugaz momento del pasado tuvo su fiesta particular con Janis Joplin en un modesto ascensor de hotel. Janis dejó muy pronto de ir a más fiestas, Leonard guarda los recuerdos y las llaves de la memoria. El lema fue en esos momento: Rápido porque vamos a morir jóvenes. No había tiempo que perder; el objetivo era dejar hermosos cadáveres, algunos ya en perfecto estado de putrefacción incluso antes de morir. Pollock, Janis Joplin, Jimmy Hendrix, Jean Michel Basquiat, Robert Mapplethorpe: la perfección en la literatura, el cine, la música, el arte, tenía que ser inherente al gesto porque no había tiempo para hacer retoques. El triunfo del Photoshop vendría después. Sobredosis y suicidio, en caso de que no sea lo mismo, merecen un capítulo aparte en la historia del arte, de la cultura occidental desde la posguerra hasta hoy, bueno, tal vez hasta ayer. Ahora ya algunos empiezan a creer que tal vez si puedan asistir a algunas de las fiestas del mañana, pero créanme que no va a poder ser, aunque dejen de fumar, no beban más que agua embotellada y hagan vida sana (¿vida sana?, es un oxímoron como “inteligencia militar”). En el camino quedaron muchos, tantos que no voy a mencionar más que a algunos pocos, a los que la enfermedad, el Sida, las drogas, la propia vida, fueron apartando del camino y de sus fiestas, dejando, eso sí, unos hermosos y jóvenes cadáveres con los que todos hubiéramos querido ir de fiesta: desde Francesca Woodman y Elvis Presley hasta Diane Arbus, desde Unica Zurn y Marilyn Monroe o Jim Morrison y Pepe Espaliú hasta Kitaj y Kurt Covian… y todos cuyos nombres nuca supimos pero que también estuvieron en casi todas las fiestas del pasado. El comienzo del calor me hace recordar esa experiencia de vivir a toda velocidad, de no estar de acuerdo con casi nada de lo que hay, con casi nada de lo que nos rodea, vivir con esa infelicidad eterna que da simplemente sentir la vida y el tiempo sobre tu piel, corriendo por tus venas. Cuando pensar es un peso casi insoportable y la cultura se convierte en algo que nos marca a fuego y sangre en el lomo, en el corazón y en el cerebro. Morir joven es algo que todos los jóvenes quieren antes de cumplir 30 años, sólo algunos lo consiguen. Otros arrastran sus 30 años hasta una vejez jubilosa, ganado tiempo para irse igualmente después, o antes de una última fiesta, no la de mañana sino la de ayer. Tal vez la de hoy pero nunca la de mañana, porque todas las fiestas del mañana no son para nosotros.