OPINIÓN

El pasado domingo acababa la feria londinense Frieze, sin duda un éxito absoluto de ventas, público y crítica, porque nunca una feria ha sido un fracaso, nunca una feria ha vendido menos que en el año anterior. No, cada feria de arte hay que medirla con un listón más largo, porque siempre, siempre, se mejora. Y además se mejora en todo: más asistentes, más ventas, más coleccionistas, y si todo eso no es suficiente, más contactos, arguyen los encargados de difundir el éxito orbi et urbi. En el arte de hoy sólo parece haber lugar para el éxito, pero de eso hablaremos otro día. Hoy hablaremos de esas diferencias inevitables entre una feria y una exposición o una visita a un museo. Si, ya se que para muchos esas diferencias son detalles mínimos, pero la realidad es que no es así. Y los directivos de Frieze lo dejan bien claro. El año 2012 fueron 60.000 visitantes los que visitaron la feria, en solo cuatro días, una cifra muy superior a la media de cualquier museo o exposición aunque se trate de Velázquez, Goya o Dalí. Cifra escandalosa si además añadimos que la entrada cuesta 60 euros sí o sí, es decir ni descuentos ni tonterías. El que el 80% de ese público no sea profesional, cuando las ferias se suponen que son para profesionales, es un tema sin resolver. Tal vez habría que redefinir que significa “profesional” en el mundo del arte actual. ¿Un autodenominado coleccionista que compre cositas para su salón, es profesional? ¿Un espectador con más de 500 exposiciones en sus retinas, es profesional?
No voy a calcular lo que da 60 por 60.000 para no marearme (más el pago de los stands, más las infinitas páginas de publicidad que la revista Frieze, organizadora de la feria contrata para que las galerías sean sin duda mejor tratadas, más profesionales… ¿ya he dicho que aquí solo cabe el éxito, verdad? A pesar de esos más de tres millones y medio de euros recaudados sólo con las entradas, el director de la feria, “un lugar donde las galerías deben hacer negocio” (sólo las galerías), no quiere que esto sea una fiesta, quiere que el año próximo venga menos gente. Sí, exactamente, porque el arte, no nos equivoquemos, es solo para los que puedan pagarlo. Y una feria es un lugar donde se compra y se vende, a veces incluso sin mirar y muchas veces sin ver. Menos público y menos galerías, 150 este año, y espera reducir como mínimo el 10% de visitantes para 2014. A mí también me molestan todos esos visitantes que se hacen fotos constantemente frente, al lado, arriba y debajo de cualquier obra expuesta, yo no les dejaría entrar ni pagando el doble. Pero sirven para las estadísticas, para la taquilla. No es fútil que una de las artistas presentes defina la feria como “un parque de atracciones como cualquier otro”.
En cualquier caso, entre una feria de arte, una exposición, un parque de atracciones, una experiencia estética y una tarde que no sabes que hacer, Frieze se queda con todo. Igual te vende un Brueguel por seis millones, se lleva a todos los espectadores durante una semana, que cobija a todo el que pase por la zona del aguacero y del frío de estos días en Londres. Eso si, si alguien piensa que ellos van a ser tan vulgares como los de las otras ferias del mundo, está muy equivocado. Ellos van a vender más caro, van a ser más prepotentes, te lo van a poner más difícil y te lo van a hacer más incómodo, a ver si así se acercan al nivel de Basilea, pero sin fiestas, ni VIPS, ni helados Häagen- Dazs. En cuanto a la similitud con un museo o con una exposición, eso ya no le importa a nadie, porque una feria es mas cool o más guay según el nivel cultural de cada cual, y además hay más ricos por metro cuadrado de moqueta que en cualquier museo, y si ya estamos dentro (aunque hayamos pagado 60 euros) podemos decir o pensar que somos profesionales. En cuanto al arte, a la calidad de una exposición, al mogollón de lo expuesto en una feria, al interés de un museo… bueno, eso no tiene mucho que ver con el arte actual, o al menos no ahora mismo.

Imagen: detalle Frieze art fair 2013.