OPINIÓN

Siempre es igual. Primero, un poco de calor después de tanto frío. Luego tormenta, vuelta a sacar la ropa de abrigo y, finalmente llega el verano. Llega el calor, las alertas, las recomendaciones de no salir de casa, de beber mucha agua, de moverse lo menos posible…. Y el colofón viene dado por esa continuada lista de fallecimientos que nos deja magullados en el alma y con menos ganas aún de movernos, de salir a la calle, incluso sin ganas de beber agua pero con la idea de acabar con todo el ron, vodka, tequila y lo que quede de existencias alcohólicas en cualquier parte de la casa, el hotel y los bares de la zona. Solamente en una semana han muerto Nestor Basterretxea (País Vasco, 1924; escultor), Nadine Gordimer (Suráfrica, 1923; Premio Nobel de Literatura en 1991), On Kawara (Japón, 1933; artista plástico), Lorin Maazel (Francia,1930; director de orquesta), Charlie Haden (USA,1937; músico de jazz) y Tommy Ramone (Thomas Erdelyi, Hungría, 1957; fundador del conjunto The Ramones). Naturalmente han sido muchos más los que han muerto esta semana, y esta pequeña muestra que sólo afecta al mundo de la cultura parecería anecdótica si no fuera porque esta tribu ya va necesitando a todos los nombres que son conocidos por un grupo consistente. Nos necesitamos cada vez más porque somos cada vez menos.
Sabemos que la muerte, esa vieja compañera, nos espera a todos, pero no nos gustaría que fuese en verano. Preferimos en invierno. Porque es un tiempo más agradecido a la despedida, al olvido, a la tristeza. Porque en invierno son menos los fallecidos y las necrológicas pueden ser brillantes… porque a algunos de estos muertos ni se les ha hecho el caso imprescindible. Es cierto que de todos ellos nos quedan los suficientes recuerdos y es que cuando alguien que ha escrito libros, grabado discos, construido esculturas, que ha creado obras de arte, símbolos de vida, que ha propiciado momentos de vida y comunicación… cuando alguien que ha hecho algo de esto desaparece, es cierto que no desaparece del todo. Posiblemente su nombre se olvide con el tiempo y el desuso pero sus libros seguirán ofreciéndonos el sonido de sus ideas cada vez que alguien abra sus páginas, los discos seguirán sonando siempre, y sus gestos, sus obras, aunque ellos no estén, nos acompañarán delicadamente, no sólo a nosotros sino a todos los que vendrán después y que no sabrán nada de ellos, nada de nada. Como nosotros no sabemos casi nada de todos aquellos artistas, pensadores, creadores, que murieron otro verano, el de 1927, por ejemplo. Tal vez el olvido sea lo mejor, y asumir toda la creación como una creación colectiva, de los hombres y mujeres que fuimos, que somos, que seremos; esa cadena que explica también Eugènia Balcells y de la que sólo somos un eslabón que junto a todos los demás hace que perviva la cultura, la inteligencia, el pensamiento, la belleza, la humanidad.
Asumir que la cultura es una gran construcción de la que todos somos simples hormigas obreras sería el fin de ciertos privilegios, de la idea de mercado como oso hormiguero, sería aceptar que el conocimiento está formado por pequeñas construcciones, no sólo por grandes creaciones, por nombres famosos, sino por todos los que escriben y, sobre todo por todos los que leen. Por todos los que hacen música, pero también por todos los que disfrutan escuchándola. Por todos los que bailan y disfrutan, se emocionan y ríen con la creación, los que piensan y reflexionan, y vuelven a reconstruir un pensamiento una y mil veces, y lo enseñan, y lo aprenden y lo cuestionan… por todos. Una construcción que se cimienta en esa gran casa que ya es un gran cementerio donde están todos los muertos famosos, todos los muertos olvidados, todos los muertos desconocidos: público y artistas, ricos y famosos, pobres y anónimos. Todos los muertos. Todos nosotros. Igual es mejor morirse en verano, los que seguimos escribiendo necrológicas absurdas y repetitivas tenemos más tiempo, menos espacio, y podemos acordarnos de todos los muertos. (En memoria de Juby Bustamante, que también ha muerto esta semana y que siempre vivió en la cultura).

Imagen: Sophie Calle. De su serie Les Tombes, detalle de la obra Orphan No 54; 1990.