Marta Mantecón Moreno

Corazonada es el título de la sexta exposición de la artista Victoria Civera en la galería Soledad Lorenzo. Un título significativo para la que supone la última muestra que tendrá lugar en esta galería y que se inauguraba ayer, 28 de noviembre, en una ocasión ahora sí que sí irrepetible. Veintiseis años de trabajo avalan la carrera de esta galerista que representa a creadores como Tàpies, Miquel Barceló, Broto, Pérez Villalta, Soledad Sevilla, Jorge Adrià Julià Julian Schnabel, Robert Longo, Tony Oursler o Louise Bourgeois y que concluye su trayectoria ofreciendo al público tres bloques de obra de Victoria Civera inéditos en Madrid.

La exposición se abre con unos delicados y preciosistas dibujos de 2003 y con unos lienzos, también de pequeño formato y mezclados con objetos-pintura que sutilmente tratan de escapar del muro y que fueron realizados en los ochenta y los noventa, por lo que la disposición de las obras en el espacio casi parece discurrir estableciendo un paralelismo entre los comienzos americanos de la artista y los de la galería que, también por aquel entonces iniciaba su andadura.

Piezas como Castigada (2012), una pequeña silla de colores primarios contra la pared, o Mamá está en casa (2009) se cruzan repentinamente en el camino del espectador recordándole el interés y el trabajo constante de la artista en torno a los ambientes domésticos y familiares y la feminidad materializada a través de la quietud, las texturas (terciopelo, lana, fieltros y pigmentos) y las formas orgánicas y abstractas que son un leit motiv en toda la muestra. En ella también hay espacio para constatar la evolución y la progresión del trabajo de Civera que va ampliando su imaginario desde esa primera etapa más sobria y rigurosa, hasta piezas más coloristas, como los dibujos en los que recrea escenas cotidianas, o la instalación con la que se cierra la muestra: Sueños inclinados, una pieza con seis bloques de aluminios que aluden precisamente a las seis exposiciones realizadas en Orfila 5. En definitiva un montaje cuidado y acorde a los trabajos para finalizar una larga etapa y quién sabe si comenzar otra nueva aunque la propia Soledad Lorenzo afirme que desconoce lo que hará de ahora en adelante ya que “sólo sabe ser galerista”.

Imagen: Victoria Civera. Castigada, 2012. Cortesía de la galería Soledad Lorenzo, Madrid.