El pasado 27 de abril fallecía en Nueva York el creador Vito Acconci, a los 77 años de edad (Nueva York, 24 de enero de 1940-27 de abril de 2017) por causas que no se han hecho públicas. Acconci será recordado como artista, aunque su trayectoria y actividad es mucho más problemática de definir. Sus estudios son especializados en literatura y se da a conocer en los 60 como poeta, en unos trabajos que, vistos con el paso del tiempo, ya tienen mucho que ver con su posterior trabajo como artista; en sus obras trabajaba con la página en blanco como un espacio en el que se podía actuar, utilizando las palabras como objetos para el movimiento, y la página como un contenedor. En su trabajo artístico propone un espacio simbólico de encuentro entre el artista y el público, centrándose en el cuerpo y la presencia del artista. Performer excepcional, imprescindible para comprender la evolución del uso del cuerpo en el arte actual. Sus acciones fueron siempre muy radicales, como cuando exponía su propio cuerpo ocultando el pene entre sus piernas para aparentar un cuerpo femenino. El comentaría que “desde la guardería hasta la graduación nuca hubo una mujer en sus clases”. El cuerpo, el sexo, lo privado mostrado en un espacio público centra gran parte de su trabajo, siempre con su propio cuerpo en el eje central de observación. La performance que sin duda le daría a conocer sería la realizada en la Galería Sonnabend en Nueva York en abril de 1972, donde se tumbaría desnudo debajo de una tarima sobre la que pasaba el público mientras él, debajo, se masturbaba susurrando fantasías eróticas. A partir de la década de los 80 se inclinaría por el vídeo y posteriormente se dedicaría al diseño de espacios y su relación con la arquitectura. Todo su trabajo, en sus diferentes etapas, está fuertemente relacionado con el minimalismo escultórico y con la relación del artista con el público.

En una entrevista con Roberta Bosco para el periódico El País, Acconci afirmaba: “Dejé el arte por la arquitectura porque me interesa mucho más lo que puede pasar en la vida cotidiana y en el espacio público, que en un espacio específico como el museo o el teatro. De la arquitectura lo que más me gusta y me asusta a la vez es que al crear espacios también diseñas el comportamiento de la gente, influyes en su actitud y su forma de vivir (…) El traje es la primera arquitectura. La ropa cubre la piel como esta cubre los huesos. Es quizás el elemento más privado y más público a la vez. Luego vienen los muebles, las habitaciones, los edificios…“.

Artista por necesidades del guion y a lo largo de su vida por supervivencia (siempre eran más rentable sus performances en vídeo o en persona que cualquier objeto de diseño) Acconci nunca se sintió realmente un artista al uso: “Desde hace 30 años estoy desconectado del mundo del arte. No soy artista, quizás lo fui pero ya no. Mucha gente sigue pensando lo contrario, pero la verdad es que nunca me sentí cómodo en el mundo del arte (…) El arte y los museos están relacionados con la contemplación y la conservación, la arquitectura y el diseño con el uso y la participación, por eso me considero un diseñador y no un artista”.

Su presencia en España se limita a su participación en 2005 en un proyecto de arte público Itinerarios del sonido, con una pieza que se presentaba en una parada de autobús en la plaza de Jacinto Benavente, en Madrid.