El escultor Néstor Basterretxea (Bermeo, 1924) ha fallecido este pasado fin de semana a los 90 años de edad. Escultor sobre todo, pero artista plural y activista cultural vasco reconocido por todos, Basterretxea ha sido sobre todo un constructor de símbolos: en 1952 a su regreso a España ganaba el concurso para las pinturas murales de la cripta de Aránzazu, en Oñate, y en 1982 su árbol de siete ramas ganaría el concurso de la obra que presidiría el hemiciclo del gobierno vasco. En 1988 se inauguraría su Paloma por la Paz de siete metros de alto por nueve de ancho en San Sebastián. Exiliado con su familia después de la guerra civil, volvería a España en los cincuenta y formaría parte del equipo 57 y del equipo Gaur, junto con Amable Arias, Oteiza, Chillida, Ruiz Balerdi, Mendiburu y Ruiz Sistiaga, entre otros. Además de escultor practicó la pintura y el cine, y durante la década de los 60 se dedicó al diseño y a la decoración, muy en la línea del espíritu del momento de buscar la utilidad práctica al arte.