Juan Canela

Una mañana de abril de 1994 el cuerpo de Kurt Cobain era encontrado en su casa de Seattle. Tras años intentando desaparecer dentro de sí mismo, el líder de Nirvana terminó quitándose la vida en lo más alto de su carrera. El mismo año, el joven excursionista Christopher McCandless huye de la civilización y muere de hambre en la tundra Ártica. Estos dos sucesos sirven de punto de partida a Quim Packard para desarrollar A Place No Cars Go. No es difícil trazar un vínculo entre los dos episodios y el recelo de ambos personajes hacia la idea de progreso occidental. De la misma manera, parece que en los últimos tiempos vuelve aquella idea de encontrar refugio en la naturaleza, en los espacios íntimos, en lo pequeño, en lo sencillo. Ante la actual pérdida de referentes y de valores, en plena época de avances tecnológicos, desmaterialización del trabajo, macroeconomía y problemas globales se aprecia una voluntad en algunos entornos de vuelta a lo básico, a lo ancestral y lo esencial. Una vuelta a las raíces. Podemos verlo en la música, el cine, o incluso en las artes visuales. En cualquier caso, es evidente que está latente la idea de buscar refugio del progreso actual o de re-explorar el mundo físico, inexplorado e incontrolable.

A Place No Cars Go muestra el trabajo de artistas como Guim Camps, Mimosa Echard, Eva Engelbert Wytske van Keulen, Marijn van Kreij, Pere Llobera, Mercedes Mangrané o Gerard Ortín, que exploran la idea del retorno a lo esencial. A través de distintos medios como la pintura, el dibujo, la instalación, el vídeo o la fotografía la exposición establece distintas líneas que generan un espacio compartido, un sentido de comunidad que transita entre los paisajes recónditos de Mangrané y Llovera, la naturaleza salvaje de Ortín, las zonas rurales de Van Keulen, o el recuerdo de árboles y bosques de la instalación de Guim Camps. El círculo se cierra (o empieza), con el vídeo de Eva Engelbert, que muestra un grupo de personas en el interior de un viejo edificio. No se sabe muy bien qué hacen o dónde están, pero se intuye un sentido de organización autónoma; un modo de vida propio, frente al mundo exterior. Además, David Armengol propone una banda sonora muy adecuada que nos recibe al visitar la exposición, y la programación se completa con una mesa redonda sobre la figura de Kurt Cobain y su influencia, una presentación del marco conceptual del proyecto, y un pase de dos películas de referencia para el mismo.

La selección de piezas funciona de manera extraordinaria en el pequeño espacio Pou: autogestionado por artistas de la ciudad, sirve a la vez de taller y lugar de exhibición, difusión o encuentro, y esta desarrollando una interesante actividad en los últimos meses. En esta ocasión además, la relación entre continente y contenido es totalmente acertada. No hace falta más que una buena idea, imaginación, buenos trabajos, un pequeño espacio y ganas de hacer para sacar adelante un buen proyecto con artistas de la ciudad y de fuera, y generar, además distintos espacios de reflexión y debate. Una exposición comisariada por Quim Packard para Espacio Expo que pudo verse en Barcelona hasta el 19 de diciembre.

Imagen: Vista de la exposición con obras de Mercedes Mangrané y Gerard Ortín. Foto: elchiringuitodelarte.