Cincuenta años de la muerte de uno de los arquitectos más destacados del siglo XX, Le Corbusier (1887-1965), y su nombre sigue siendo uno de los básicos en la materia. Sus rompedores propuestas arquitectónicas y urbanísticas encuentran aún hoy dignos herederos. El Centro Georges Pompidou de París le dedica ahora una gran retrospectiva a uno de los genios del Movimiento Moderno, con nuevas miradas sobre su trabajo. La nueva lectura que el centro francés quiere aportar a la memoria del arquitecto toma como hilo la importancia del cuerpo humano no sólo en sus proyectos de construcción sino también en sus creaciones de mobiliario, obras plásticas y textos. Un total de 300 obras que incluyen planos, esbozos, maquetas, dibujos, óleos y esculturas, mostrando al más amplio Le Corbusier, desde su vertiente más humana. Es quizás esto lo que ha generado la polémica sobre su cercanía a presupuestos fascistas y antisemitas, con vínculos con el régimen de Vichy y con Mussolini. Sea como fuere, lo cierto es que el trabajo del suizo nacionalizado francés es indiscutible incluso hoy; su defensa de cierta utopía arquitectónica y el avance que supuso crear proyectos como la máquina para vivir (materializado en la Unidad de Habitación), las plantas y fachadas libres, la terraza-jardín o la ventana alargada son sólo algunas de sus aportaciones. Esta muestra, que destaca su relación con el cuerpo humano, tiene como protagonista la idea del Modulor, y las medidas de las construcciones basadas en las proporciones humanas. (Le Corbusier. Mesures de l´homme, Centro Georges Pompidou, París. Del 29 de abril al 3 de agosto de 2015).


Imagen: Vista de el modulor en la unidad de habitación de Nantes.