OPINIÓN

De un tiempo a esta parte se habla mucho de dinero en el mundo del arte. Se habla de presupuestos millonarios que cada vez cunden menos, se habla de un mercado voraz, se habla de que esta o aquella estrella ha vendido su alma por dinero… de cuánto se ha pagado por un Cézanne o por un Koons o de que el dinero ya no está en Occidente sino en Oriente. Se habla de las ferias como si fueran una nueva versión de los mercaderes en el templo de Dios. De los curadores/comisarios como intermediarios en un mercado secundario, de quién pone los precios, de si los coleccionistas no tienen el dinero suficiente, porque cuando hablamos de dinero siempre es que no es suficiente o que es demasiado. Nunca parece bien ni la cantidad ni quien lo gasta ni quien lo recibe. Vamos, que lo que a mí me parece es que estamos todos muy necesitados, que hay mucha envidia y mucha estupidez.

He llegado a leer un cuestionamiento del trabajo y de la obra de Yayoi Kusama porque en un momento dado de su vida aceptó decorar “a su estilo“ cierta cadena de tiendas de Londres, no sé bien si el problema es porque lo hizo a su estilo y no al estilo de Edward Hopper, por ejemplo. Como si el dinero fuera un vicio. Quienes escriben o afirman esto en corrillos, en persona o a través de las redes sociales, deben ser todos ricos herederos, gente que nunca ha tenido que hacer nada por ganarse la vida. El resto de los mortales trabajamos por dinero. Hasta Tina Turner cantaba aquello de “dancing for the money”. Trabajamos, sea cual sea nuestro trabajo, por dinero. Todos, y los artistas también. Sus obras de arte, que a unos les parecerán cachivaches y a otros fragmentos de gloria, las venden por dinero. Con dinero pagan los materiales y los transportes, el pan que se comen y según donde vivan el agua que beben. También los escritores escriben sus novelas con la intención de publicarlas con la editorial que mejor les pague y que más ventas les garanticen. Por dinero los músicos y los actores actúan y cambian de compañía. Dinero, money, money, money. El dinero hace girar el mundo, no el amor ni nada de lo que consideramos digno: ni la gloria, ni la solidaridad, ni el honor, ni el amor, no. El mundo lo mueve el dinero, y con ese sucio material es con lo que pagamos los colegios de nuestros hijos, las casas en las que dormimos y nos cobijamos, con ese asqueroso dinero compramos viajes y bonitas ropas, comemos y bebemos, salimos a bailar, entramos en los museos. No consigo entender por qué si todos lo hacemos a los artistas no se les permite. No entiendo por qué se arremete contra Marina Abramovic porque haga un anuncio publicitario por dinero, o porque masifique los stills de sus vídeos sobre sus performances… simplemente está consiguiendo dinero para vivir mejor, para su vejez, para paliar todos los años que vivió en un coche aparcado en la calle lavándose en baños públicos o en bares. No creo que muchos de los que arremeten contra ella como si fuera una puta barata o algo peor hayan estado 11 años viviendo en un coche parado en cualquier calle de cualquier ciudad. Se merece ese dinero, se merece todo el dinero que pueda ganar con su trabajo, sin robar a nadie, sin quitárselo a nadie. Además, hay otros muchos motivos para criticarla, incluso para odiarla… pero su afán de ganar dinero no. Todos debemos ser previsores para nuestra vejez, cuando ya nuestros méritos y esfuerzos no los quiera nadie pagar.

¡Dios salve a las ferias! Aunque sea el dios que creó al rey Midas. Dios, el Gran Coleccionista, quiera que sean muchas las ferias que consigan vender millones en tan sólo una semana, porque con ese dinero repartido entre galeristas, artistas, restaurantes, editoriales… todos podremos comer, pagar los estudios, seguir editando, creando, trabajando.
Todos los artistas del mundo que se ganan la vida dando clases o decorando escaparates, diseñando páginas web, de camareros, de gigolós… todos querrían vivir de su trabajo como artistas. Y ese es un objetivo tan digno como seguir ganándoselo de lo que sea que hagan, menos robar, matar, engañar o dirigir bancos. El dinero, real o de plástico, es sólo una herramienta que empleamos para conseguir lo que necesitamos o queremos, no veo por qué hay que criminalizarlo. Desde la honestidad, la miseria y la envidia os lo digo: bienvenido todo el dinero limpio que podamos ganar. Eso sí, paguemos nuestros impuestos y demos trabajo a otros para que la cadena del bienestar sea cada vez más larga y más fuerte; eso se llama desarrollo. Un antiguo y conocido galerista español me comentaba hace años en una lujosa cena en un carísimo restaurante suizo que era obvio que los artistas trabajan mejor cuando viven en pésimas condiciones en una buhardilla sin calefacción, pasando hambre y necesidad. Me lo decía desde un cuerpo excesivamente gordo, mientras bebía un vino selecto y comía cualquier cosa fuera de las posibilidades de sus artistas. Personalmente creo que todos trabajamos mejor y somos más creativos cuando nuestras familias y nosotros mismos no pasamos frío ni hambre, vivimos lo mejor posible y no tenemos que prostituir a nuestras hijas y vender a nuestros padres (o al revés). Por eso yo estoy a favor del dinero, de que los artistas ganen todo lo que puedan, igual que sus galeristas, los críticos, los curadores, los fontaneros, carpinteros, camareros, incluso los editores de revistas.


Imagen: Andy Warhol. Dollar sign, 1982.