Recién clausurado el que viene a ser el festival de cine más antiguo de América Latina, fundado allá por 1959, con la buena intención de dar a conocer a las zonas más desfavorecidas aquello del cinematógrafo, programa que sigue en activo, un festival que es gratuito (aunque tengan preferencia los acreditados) con 48 proyecciones diarias, 40 estrenos mundiales entre los cuales se encuentran 26 estrenos latinoamericanos. Mercado éste último que intenta catapultar dicho festival, si a esto lo acompañas de estrellas mediáticas pues mejor que mejor, no sólo favoreces la mitomanía del mundo cinéfilo sino que de paso fomentas el turismo con las excelencias climatológicas, gastronómicas y artísticas de la zona. Para todo esto es para lo que sirve un festival.


La cinta ganadora con el gran premio ha ido para la colombiana Tierra en la lengua de Rubén Mendoza; y el premio a mejor director para el chileno Alejandro Fernández por Matar a un hombre.
Como todo festival que se precie consta de distintas secciones paralelas, unas fomentan el cine hecho en casa y países hermanados o colindantes y luego tocan secciones que se encargan de fomentar un cine que difícilmente de otra manera llegaría a las grandes salas, cine facturado del medio occidente y oriente tales como Ida de Pawel Paulikowski; Omar de Hany Abu-Assad o De tal padre tal hijo de Horokazu Koreeda, o perlas de otros festivales como Gloria de Sebastián Leilo; El desconocido del lago de Alain Guiraudie o La grande bellezza de Paolo Sorrentino. Y como no sólo de cine iraní o coreano vive el hombre, te inventas un homenaje y traes a la estrella Clive Owen, visto entre otras en Closer de Mike Nichols, o Hijos de los hombres de Alfonso Cuarón. Retrospectivas, clases magistrales y talleres varios han contado con figuras de renombre como Abbas Kiarostami (A través de los olivos; El sabor de las cerezas; Copia certificada); John Sayles (Passion Fish; El secreto de la isla de las focas; Lone Star) o Alejandro González Iñárritu, cineasta sobre quien ha girado este año todo un tributo a quien se le considera el precursor del cine mexicano a escala mundial (junto con sus compatriotas Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón) con títulos como Amores perros; 21 gramos; Babel o Biutiful. Si con todos estos elementos encima lo inauguras con la cinta española Ciudad delirio de la granadina Chus Gutiérrez y lo clausuras con Aprendiz de gigoló dirigida y protagonizada por John Turturro y con Woody Allen entre otras muchas estrellas, pues normal que te salga un festival redondo y encima haya subido un 30% la asistencia de público, rondando una cifra que supera los cien mil asistentes. Así si.