OPINIÓN

Que el tiempo pasa inexorablemente es un hecho que no se puede cuestionar. Que hoy somos los mismos pero diferentes de los que fuimos hace 35 años, puede parecernos triste o glorioso, pero es la verdad. ARCO acaba de celebrar su 35 aniversario en una edición que nos ha mostrado una amplia y variada selección de excelentes obras de arte. Un amplio muestrario que nos reconcilia con lo que es inevitablemente una feria de arte con obra joven, en la que no ha habido escándalos ni sitio para más estupideces que las inevitables en la misma vida. Jóvenes artistas que hace 35 años eran apenas bebés, incluso no habían nacido, han compartido espacio con artistas que ya estuvieron aquí hace 35 años. De igual a igual, porque el paso del tiempo así lo permite. En estos 35 años, que son casi una vida, hemos envejecido unos, otros simplemente han madurado. Algunos han crecido. Las galerías se han renovado, unas cambiando de directores, renovando sus artistas, otras pasando el relevo a los hijos e hijas que hace 35 años solamente venían los domingos a estar un rato con sus padres en la feria. Otras muchas galerías son nuevas, no existían hace tanto tiempo.

En estos 35 años muchos hemos visto como nuestros hijos y los hijos de nuestros colegas ocupaban lentamente nuestros lugares para mostrarnos otras formas de hacer nuestros trabajos. Los hijos de algunos artistas conocidos tienen hoy nombre propio, premios y reconocimiento que los igualan con sus padres. Hace años eran los chicos y chicas que cuidaban de nuestros stands en estos mismos espacios. El tiempo pasa y eso está bien, significa que seguimos vivos, que las cosas van, que la vida sigue. ARCO cumple 35 años y lucha por su supervivencia con aciertos y errores, pero lucha y consigue realizar una nueva edición, en una crisis interminable, que contenta a casi todos, alegra a muchos y, en definitiva, un año más muestra sus ganas de ser y de estar. Se ha renovado, un director joven y cualificado, que ha estado aquí en muchos de estos 35 años de diferentes formas, en diferentes lugares y que sabe qué es lo que tiene entre manos. Que hace lo mejor que puede dadas las circunstancias, que son muchas, variadas y algunas difíciles de entender. Su trabajo está hecho un año más. Los artistas, (tantos que no puedo ni debo dar nombres) la materia esencial de una feria de arte, han demostrado con creces calidad y esfuerzo, en este ARCO han surgido artistas que han plantado sus obras, excelentes, en primer plano, si algunos no las han visto bien seguramente es porque no saben mirar. Las galerías se han esforzado, con algunos stands realmente sorprendentes por calidad, montajes y obras (no quiero dar nombres pero cómo no resaltar la Carles Tache, Jan Mot, ORM, Ruth Benzacar….). Las publicaciones seguimos existiendo, en papel y on line, editando y renovándonos continuamente, no todos hemos sobrevivido a la masacre de los últimos años, pero aquí seguimos un año más. Es decir: todos hemos hecho nuestro trabajo lo mejor posible, incluso por encima de lo esperado. Sin embargo hay un aspecto decepcionante en estos 35 años: el público.

Hemos aguantado durante 35 años esas colas eternas, tumultos inexplicables en una feria con pocas ventas, la feria con más visitantes del mundo. Más de 100.000 visitantes, a veces más de 200.000 personas pasaban por la feria en sólo cinco días. Cientos de miles de personas que venían de todos los rincones de España para ver arte actual, y que no visitarían nunca ni las galerías ni los museos que gratuitamente les esperaban en sus propias ciudades durante todo el año. Durante estos 35 años la feria, y todos los que en ella hemos estado cada año, hemos asumido la tarea de acercarlos al arte, familiarizarles con el hecho artístico, con la obra de arte actual. Normalizar esa relación. Hemos aguantado a esos mochileros (que parece que este año ya no han venido) que comían el bocata sentados en cualquier (en todas) esquina de la feria, hemos aguantado que nos rompan las obras de arte y la paciencia, y lo hemos aguantado solamente porque nos repetíamos continuamente que ese era el público del futuro. Debo reconocer hoy, 35 años después, que era mentira, que hemos fracasado, que hemos hecho el idiota.

35 años después el público, ese al que tanto queremos y al que tanto debemos sigue sin saber, sin entender ni el arte ni lo que es una feria. Sigue preguntando cosas increíble (¿y esto es arte?, ¿y ese cuadro blanco qué significa?, ¿y esto se regala, no?), sigue tirando las esculturas al suelo, tocando los cuadros… Sigue sin entender que no es el zoológico, que a una feria se va a vender y a comprar, y vale, también puede ir a mirar pero con un poco de respeto por los que allí están trabajando, por todos los que han puesto su esfuerzo, su dinero, su energía y mucho más en estar allí. Mucha culpa tienen los medios de comunicación, demostrando su profunda incultura y ausencia de fines culturales, haciendo gala de una incultura abismal (Radio Nacional, las televisiones y la prensa escrita compiten en ignorancia y estupidez). Por supuesto los coleccionistas siguen sin leer y sin comprar una revista ni un libro, y son muchos entre los políticos, los VIPS, los coleccionistas y desgraciadamente bastantes galeristas y artistas los que siguen despreciando la cultura y adorando al Dios del mercado. Olvidan todos ellos que dentro de otros 35 años sólo las ideas, sólo el arte seguirá siendo esencial. Alguien tendría que explicarles que no se trata de decoración, imbéciles, se trata de arte.