Helena Tatay

Casi se suspende para siempre la Bienal de S ã o Paulo, una de las más antiguas del mundo. Mientras Luis Pérez-Oramas y su equipo de curadores, Tobi Maier, André Severo e Isabela Villanueva preparaban la edición del 2012, una inspección hizo aflorar irregularidades contables anteriores, del periodo 1999-2006, y se paralizó el proceso. Felizmente, los juzgados y la Fundación Bienal resolvieron seguir adelante y el pasado 7 de septiembre se inauguró la 30 edición.

Su título La Inminencia de las Poéticas resulta sorprendente para una Bienal, un evento artístico que lleva en su ADN la voluntad de incidir críticamente en la producción artística y en el momento político en el que se enmarca.

En esta Bienal, la inminencia poética alude a la dilatación de la conciencia y la percepción que experimentamos en presencia de los trabajos artísticos, incluye la expansión de la conciencia en lo político y en lo crítico y busca esa expansión perceptiva en el potencial discursivo de una pluralidad de prácticas artísticas. Desde la inminencia poética de lo participativo en los talleres de Simone Forti, las performance de Franz Erhard Walther, o los talleres que la asociación Amereida de Ciudad Abierta realizan en la favela Heliopolis; a la inmanencia poética de algunas cosmogonías personales como la enciclopedia en dibujos de Frédéric Bruly Bouabré, los complejos montajes de Anna Oppermann, o las estructuras cognitivas de Gego. El espectro de temas, intereses y posiciones es amplio, incluye juegos del lenguaje (Franz Mon, Juan Luis Martínez, o Xu Bing), acciones (Sigurdur Gudmundsson, Allan Kaprow o Tehching Hsien), prácticas de archivo y otros.

El equipo curatorial propone en la guía diversas constelaciones entre los trabajos de los más de cien artistas expuestos. No hace falta, cada cual establece sus asociaciones mientras recorre los 25.000 metros cuadrados del espectacular pabellón de Niemeyer, donde se mezclan artistas jóvenes con otros mayores y algunos desaparecidos formando una trama, que el diseño arquitectónico ha ordenado severamente. El espacio de cada artista, amplio y bien delimitado, acoge pequeñas exposiciones individuales. Esta estructura de cubos blancos establece un marco “museístico” y le da a la Bienal un aire domesticado, volviendo a contradecir lo que sobreentendemos por Bienal. Aquí nada rompe el molde espacial. Sólo Fernanda Gomes -que trabajó su propuesta directamente en el espacio de la Bienal- se ha expandido por detrás de su cubículo, invadiendo la tramoya. Se diría que Pérez-Oramas y su equipo han jugado conscientemente contra la espectacularidad y la fragmentación habitual de las bienales, construyendo una muestra que arropa las voces individuales y sitúa el arte lejos de la experiencia ilusoria de la resolución de las urgencias del mundo.

No hay grandes nombres, o mejor dicho no son los habituales, pero se pueden ver trabajos formidables menos conocidos, como los del islandés Hreinn Fridfinnsson, las series fotográficas de Alair Gomes que se desarrollan como notas musicales, o los trescientos trabajos del inclasificable “outsider” Artur Bisbo de Rosario. También se muestra completo, por primera vez, el archivo fotográfico de August Sander, Gente del siglo XX. Además están las pequeñas exposiciones de Bas Jan Ader, Fernand Deligny, Robert Filliou, Absalon, Jiri Kovanda y tantos. Desde estos artistas que marcan posiciones definidas, se tejen relaciones con trabajos de artistas más jóvenes como Pablo Accinelli, Iñaki Bonillas, Cadu, Hellen Mirra o Ali Kazma.

Imagen: Fotografía de Alair Gomes.

La trigésima edición de la Bienal de São Paulo acaba de ser inaugurada y el público podrá visitar este evento a partir del próximo viernes 7 de septiembre. A pesar del título elegido para englobar este proyecto, A iminência das poéticas (La inminencia de las poéticas) la Bienal de este año, comisariada por Luis Pérez-Oramas, no tiene un tema concreto sino motivos, ideas, puntos de partida que se han utilizado para lanzar una serie de preguntas y reflexiones sintomáticas del contexto y la realidad, al menos parte de ella, actuales. Dentro de este planteamiento las obras de los artistas participantes no deben actuar como meras ilustraciones de conceptos sino servir como inspiraciones visuales para intuir las ideas y las preocupaciones de base. En esta edición se ha querido primar lo experimental y lo procesual frente a la historización y la novedad y, los artistas participantes, se han elegido sobre todo en función en su capacidad expresiva y su pluralidad. Entre otros nombres en la Bienal están presentes las obras de Bas Jan Ader, Guy Maddin, Iñaki Bonillas, Erica Baum, August Sander, Alejandro Cesarco, Nydia Negromonte… en una oportunidad única que se podrá visitar hasta el 9 de diciembre.

Destacar finalmente que fue en 1951 el año en que la Bienal de São Paulo abría sus puertas por primera vez. Una plataforma creada para examinar la producción cultural contemporánea desde un emplazamiento tan singular como novedoso y privilegiado que, desde entonces, se ha ido transformando en una red de intercambio artístico y cultural que ya no sólo se limita a la realización de una muestra cada dos años, sino que ha generado estructuras pedagógicas y proyectos de investigación que se mantienen a diario.

Imagen: Katja Strunz. Zeitschleife, 2011. Cortesía de la artista y Almine Rech Gallery, París.