Todo aquel que conozca la ciudad de París, conocerá casi seguro el Museo de Orsay. Lo primero que llama la atención cuando lo visitas, es el propio edificio en el que se ubica, una antigua estación de trenes. El edificio se construyó para albergar la Exposición Universal de 1900, para convertirse después en estación de trenes. Pero desde que en el año 39 y hasta que se convirtió en el museo que hoy conocemos, la edificación desempeño diversas funciones, desde su uso como centro de expedición de paquetes postales para los prisioneros durante la Segunda Guerra Mundial, como cárcel de prisioneros tras la liberación de París e incluso como estudios de rodaje de diferentes largometrajes.

Pero si su exterior llama la atención, las obras que alberga en su interior hacen de este museo el segundo más visitado de París, después del Louvre. Esculturas, objetos artísticos, fotografía y obra gráfica inundan la antigua estación del sur, pero si algo destaca entre tantas obras de arte, es la colección que el museo posee de pinturas impresionistas. Courbet, Manet, Degas, Bonnard, Van Gogh y compañía reposan en las estancias de este museo, que al rededor de 3,5 millones de personas visitan anualmente.